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  • 26.11.18
Sarah Lark (Bochum, Alemania, 1958), trabajó durante muchos años como guía turística en Nueva Zelanda. Pronto descubrió su fascinación por aquellos paisajes sorprendentes. Ha vendido seis millones de ejemplares en veinte países. Bajo cielos lejanos es su última novela. Con su debut, En el país de la nube blanca, sorprendió a críticos y lectores. Sara Lark es, además y sobre todo, el seudónimo que esconde la identidad de una exitosa autora alemana que en la actualidad vive en España.



—En 'Bajo cielos lejanos' la periodista alemana Stephanie vuelve a Nueva Zelanda a recuperar su pasado.

—Vuelve a Nueva Zelanda para investigar un caso criminal antiguo y accidentalmente descubre su propio pasado.

—Y allí descubre la existencia del diario de una joven maorí del siglo pasado.

—Sí, sí. Al final se enfrenta a conexiones entre la vida de Stephanie, este caso criminal y este diario.

—Usted trabajaba como guía turística en Nueva Zelanda y sus paisajes siempre ejercieron sobre usted una fascinación asombrosa.

—Sí. Porque la naturaleza es única, los animales son fascinantes. Y lo que para mí, casi lo más importante, es que tiene una historia muy interesante. Corta pero especial. Porque la relación entre los colonizadores y los maoríes fue siempre más pacífica que en otras colonias.

—Antes de comenzar a escribir una novela, se reúne con su editora para valorar la temática que más demanda el público alemán. ¿En ningún momento se ha sentido condicionada por la editorial?

—No me obligan. Nadie puede obligar a escribir algo. A mí me cuesta mucho escribir. Si hay un tema, empiezo a documentarme y a informarme. Normalmente, también encuentro una historia en algún lugar de mi cabeza. Entonces, me gusta escribir y nadie tiene que obligarme. Si no quiero, no quiero.

—Escribe libros extensos, muy trabajados y engarzados entre sí. ¿Pero qué más añade para que su fórmula funcione hasta vender seis millones de ejemplares?

—No hay una fórmula. Un poco es suerte. Necesitas un tema que interese a los lectores. Los temas están en el aire y esperan que alguien los coja. Si tú tienes la suerte de coger ese tema que está en las cabezas de la gente sin saberlo, entonces tienes posibilidades buenas para un best seller. Y el otro es que la escritura tiene que ser buena, con un estilo interesante y entretenido.

Mi única fórmula es que normalmente tengo dos protagonistas y entonces los lectores tienen la posibilidad de elegir con quién quieren identificarse. Estos libros tienen muchas facetas. Una historia de amor, un poco de novela negra.

—Vive en Los Gallardos, cerca de Mojácar, le encanta su clima, donde compatibiliza su vocación por la literatura y su pasión por los caballos.

—Yo tengo una finca con caballos. Es un refugio para caballos que necesitan hogar. Tengo 23 animales. Tres llamas, una mula, el resto son caballos. Uno de ellos medio ciego.

—De hecho, va más allá. Y ha escrito 150 libros sobre equinos para adultos y para niños.

—Sí. Sí. Manuales de equitación, manuales sobre cómo curarlos, cómo domarlos. Muchísimos. Y también novelas ambientadas en el mundo del caballo, novelas para niños.

—Antes de saber todas las letras, escribió dos o tres poemas. Siempre supo que lo suyo era narrar aventuras. ¿Pero abandonó la poesía?

—Mira. Yo tengo que vivir de todo lo que escribo. Y si escribo poesía, mis caballos van a morir de hambre. Pero tampoco soy una poeta.

—¿Algún día veremos la vida de las familias Warden y O’Keefe filmadas para el cine o la televisión?

—El problema es que hacer una película de este tema es muy caro. Hay muchas productoras que se interesan por el tema. Hay niños, hay animales. Una película así cuesta una fortuna y hasta ahora no hemos tenido suerte. Pero no pierdo la esperanza.

—En 'Bajo cielos lejanos' va dejando a un lado el pasado para centrarse en el presente. ¿Qué le atrae para contar la vida en que vivimos?

—Todas mis novelas para niños también se basan en el que mundo en que vivimos. Entonces, esto para mí no es problema escribir sobre el presente. Mis protagonistas normalmente son mujeres que se ven en situaciones peligrosas, se casan con hombres falsos. Y si esto pasaba en tiempos pasados, normalmente no era culpa de la mujer, porque los padres las casaron y ellas no podían elegir. Pero en el presente necesito una causa justa. Contar historias que pasan en estos tiempos no es problema. No para mí.

—Dice en el epílogo que la historia de Nueva Zelanda está llena de jóvenes con destinos singulares y desarraigados que se movían entre grupos étnicos antagónicos.

—Estaban. Estos casos han pasado. La más conocida es la historia de un niño maorí que se perdió en la guerra y al final fue adoptado por el Gobierno de Nueva Zelanda. Era una historia complicada. Ellos lo adoptaron no porque él quisiera. Al final, el niño volvió a su tribu y buscó sus raíces.

ANTONIO LÓPEZ HIDALGO
FOTOGRAFÍA: ELISA ARROYO

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