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  • 16.2.19
Hay un pequeño país en Asía, entre China y la India, al lado de la cordillera del Himalaya, en cuya Constitución aparece que el Estado tiene como finalidad “hacer felices a sus ciudadanos”. Se trata de Bután, un territorio con una población de apenas 800.000 habitantes. Lógicamente, no es la nación más rica, ni la más próspera de la Tierra; pero el hecho de que constitucionalmente se indique que la felicidad es el objetivo último de la organización política de este pueblo nos dice que apunta al propósito más importante que pueden tener los seres humanos.



Si he partido de este dato es porque, inicialmente, tenía intención de titular este artículo con el de “Familias felices”, aunque, posteriormente, me ha parecido más ajustado el que finalmente he puesto, dado que la idea de felicidad es bastante compleja, aunque la alegría y el placer que genera el juego colectivo son importantes para la construcción de la felicidad. Y es que algunos escolares expresan la alegría de vivir de un modo espontáneo en sus dibujos cuando tienen que plasmar en una lámina el dibujo de la familia.

Resulta curioso que ahora podamos hablar de niños y niñas felices, tal como la profesora estadounidense Dorothy Corkille Briggs nos narraba en su libro El niño feliz, aparecido en 1986 y convertido en un verdadero clásico, puesto que lleva ya más de 32 ediciones en nuestro país. Apunto esta circunstancia porque ya es una preocupación generalizada de los futuros padres el que su hijo o hija sea feliz. Esto puede parecer un hecho casi natural, pero lo cierto que es algo bastante reciente desde el punto de vista histórico.

Así, el gran psicólogo Erich Fromm, en su obra El arte de escuchar y rebatiendo la tesis de Sigmund Freud acerca del complejo de Edipo, que teorizara el padre del psicoanálisis, nos dice lo siguiente: “Los padres aman a sus hijos mientras no se rebelen contra su dominio (…). Es el amor del padre que hemos conocido en la sociedad patriarcal, como el del marido por la mujer. El hijo es una propiedad, ha sido propiedad desde la época romana, y sigue siendo una propiedad”.

Pues bien, esa idea de propiedad de la que nos habla Erich Fromm, característica de las sociedades patriarcales, está dando paso a una idea más madura y más humana, en el sentido de que los hijos, si se desean tener, deben ser vividos como un proyecto de la pareja, de modo que es responsabilidad de ambos no solo proporcionarles los medios que les generen bienestar físico, sino también felicidad psicológica y emocional.

Si esto lo trasladamos a un lenguaje más sencillo, y acudimos al dicho popular que nos dice que “los hijos vienen con un pan debajo del brazo” (que responde más bien a un tiempo de escasez y penurias), ahora habría que decir “los hijos vienen con la alegría de vivir”, a lo que se tendría que responder con la entrega de la madre y del padre dándoles la bienvenida a este complicado mundo.

Y es que como apunta Erich Fromm en esta misma obra: “En el desarrollo de la persona, ocurre que ciertos elementos de su niñez han puesto ya una base de felicidad, pero sucesos posteriores pueden ensancharla y reforzarla, o debilitarla. No puede decirse que los sucesos posteriores no influyan en la formación de la personalidad; pero si los primeros sucesos no son totalmente determinantes, al menos, la inclinan hacia aspectos esenciales del talante”.

A fin de cuentas, lo que viene a decirnos el psicólogo de origen alemán es que en la niñez se sientan las bases del carácter de toda persona, de modo que lo que en ella se siembre va a ser de gran importancia, aunque, lógicamente, en su proceso de crecimiento y desarrollo se irá configurando su personalidad.

Teniendo en cuenta lo indicado, y tras el estudio del desarrollo emocional de niños y adolescentes a través del dibujo de la familia, he comprobado que una amplia mayoría se encuentra dichosa en sus familias. Bien es cierto, que también hay una minoría que arrastra problemas familiares, y que, en algunos casos, suponen verdaderos traumas que les condicionarán en sus vidas.

Así, dentro de las primeras familias aparecen algunas en las que la alegría, las bromas, los juegos y el buen humor forman parte del ambiente creado por los progenitores, lo que revierte de modo favorable en hijos e hijas, tal como he ido comprobando a lo largo del tiempo.

Para que veamos cómo los escolares expresan gráficamente esas escenas de alegría, juego y diversión compartidas por padres, madres, hijos o hijas, presento una selección de dibujos que los iré comentando, desde las edades más pequeñas hasta que alcanzan la finalización de Educación Primaria.

De todos modos, para la portada acudo al dibujo que me entregó una chica que se encontraba en sexto curso de Primaria.

Fácilmente se aprecia que es una alumna a la que le encanta dibujar, y que adopta, en cierta medida, la estética del cómic japonés para construir a los cuatro personajes de su familia. Como vemos, su hermana y ella misma aparecen como “diablesas”, por las pequeñas inocentadas que gastaban a su madre, que era “una santa”, según nos decía, porque se las soportaban con toda paciencia. Su padre era “un payasete”, al que querían mucho porque se lo pasaban muy bien con él por el buen sentido de humor que tenía.



Comienzo este breve recorrido con el dibujo de Nico, un niño de 4 años, que se representa junto a sus padres y a su hermano menor, en una escena cargada de alegría compartida. No es necesario explicar que este pequeño muestra una actitud de júbilo en todos cuando los miembros que, ya que los dibuja con los brazos hacia arriba y con amplias sonrisas, de forma que realiza el trazado de las bocas en forma de media luna invertida, con el fin de acentuar ese estado de felicidad que muestra.



Animar a los hijos y participar en sus actividades y juegos es una de las facetas de la vida que a los escolares les resulta muy gratificante. Es lo que manifiesta este niño de 6 años que se ha representado en el campo con su hermano mayor jugando al fútbol, al tiempo que sus padres les aplauden mientras contemplan cómo juegan. Llama la atención, por otro lado, el recurso que ha encontrado el autor para dibujarse mirando al espectador al tiempo que, de espaldas, le chuta el balón a su propio hermano. Representar a los objetos o a las figuras desde dos puntos de vista es una solución verdaderamente ingeniosa que adoptan algunos niños y que copiaron los pintores cubistas, como Pablo Picasso, en sus lienzos.



En cierta ocasión hablé del animismo en el ámbito infantil dentro de los dibujos, en el sentido de atribuirle a los objetos inanimados sentimientos y emociones como los que poseemos las personas. Incluso, en las edades más pequeñas, sorprendentemente aparecen rasgos animistas referidos a la propia casa. Así, en este caso que presento, la escena de José, que tiene 6 años, es el resultado de cruzar ese animismo con el humor, de forma que a su casa la transforma en un rostro alegre y sonriente, que saca la lengua cuando contempla a su propia familia. Y no para en el animismo de la casa, sino que también se lo aplica al sol, con parche de pirata, y a una nube.



El autor de este dibujo, un niño de 7 años que se encontraba en segundo de Primaria, ha construido una viñeta de cómic de humor cuando ha representado a su familia en el campo. Ahí está su padre que pide socorro porque el hermano pequeño le persigue con la bici, mientras que su hermana “mediana” se asusta porque ha visto una cucaracha, al tiempo que su madre les dice que no corran. Todo ello bajo la mirada de un gran sol, con sonrisa malévola y que se tapa los ojos con gafas oscuras. El pequeño nos muestra a una familia alegre, desenfadada y con gran sentido del humor.



Las salidas al campo suelen ser momentos muy gratos para la familia, de modo que los escolares representan gráficamente aquellos acontecimientos especiales para expresar un día feliz y en contacto con la naturaleza. Así, a lo largo del tiempo, he podido comprobar que todas las escenas en las que muestran a la familia en el campo son de tipo alegre y festivo. Es lo que manifiesta esta niña de 8 años, que se ha dibujado como la mayor del grupo familiar, dado que el placer que le proporciona encontrarse en ese espacio de libertad le hace mostrarse alegre, segura y confiada. Por otro lado, su madre está cogiendo flores, su hermano jugando con el balón y su padre limpiando el coche.



Hay padres que prometen a sus hijos llevarlos a un parque de atracciones a final de curso si sacan buenas notas. Y es que disfrutar conjuntamente de la asistencia a espectáculos, ferias, carnavales, circos, etc., es un motivo de disfrute que los escolares no suelen olvidar. Es lo que le aconteció a este chico de 9 años que sus padres le prometieron llevarlo a la montaña rusa que tanta ilusión le hacía si tenía buenos resultados. De este modo, cuando en su clase se planteó el dibujo de la familia, no dudó un momento y se dibujó con sus padres en el día que visitaron un parque de atracciones, ya que, para él, y según nos contó, fue un día inolvidable.



Cierro con este breve repaso con el dibujo de un chico de 10 años que optó por representarse con sus padres y su hermana compartiendo juegos al aire libre. Así, nos muestra a su padre con la raqueta y la pelota de tenis; a su madre y a él mismo sosteniendo la cuerda para que su hermana pequeña salte a la comba, al tiempo que se traza con botas de fútbol y el balón sostenido en sus pies. Todos configuran una escena de juego compartido como expresión de una familia que entiende que esos momentos dichosos son esenciales en el desarrollo de los hijos.

AURELIANO SÁINZ

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