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  • 30.3.19
De nuevo, un japonés gana en este año de 2019 el Premio Pritzker de Arquitectura. Se trata de Arata Isozaki, uno de los referentes de la arquitectura contemporánea y que es de gran interés conocerlo puesto que ha realizado obras en distintas ciudades de nuestro país como son Barcelona, A Coruña y Bilbao.



Esta concesión supone un enorme triunfo de la arquitectura moderna japonesa, pues son nada menos que cuatro los que lo han recibido en esta última década: la arquitecta Kayuzo Sejima (2010), Toyo Ito (2013), Shigeru Ban (2014) y el propio Arata Isozaki (2019). A ellos habría que sumar el gran Kenzo Tange (1987), Fumihiko Maki (1993) y Tadao Ando (1995) al elenco nipón que ha recibido el considerado Nobel de la Arquitectura.

Sobre tres de ellos ya habíamos escrito en esta sección (ver Arquitectura: Tadao Ando, Arquitectura: Shigeru Ban y Arquitectura: Toyo Ito). Ahora toca hablar de un veterano arquitecto, pues cuenta con 87 años, lo que es indicio de una larga trayectoria constructiva.

Gran parte de las obras de Arata Isozaki han sido realizadas en Japón, su país de origen, así como en Estados Unidos. Sin embargo, en esta breve reseña quiero centrarme en algunos de sus trabajos en España, de modo que únicamente a través de la portada del artículo muestro una de sus obras singulares como es el Team Disney Building de la ciudad estadounidense de Orlando, y que, acorde con la empresa a la que iba destinada, el conjunto se muestra como una especie de juego de construcción de distintos volúmenes coloristas, razón por la que a Isozaki, en ocasiones, se le considera un arquitecto posmoderno.



Antes de pasar a comentar algunas de sus obras en nuestro país, creo conveniente aportar algunos datos biográficos. Arata Isozaki nació el 23 de julio de 1931 en Oita, una ciudad de más de un millón de habitantes, que se encuentra en la isla de Kyushu.

Desarrolla sus estudios de Arquitectura en la Universidad de Tokio, donde impartía docencia Kenzo Tange, el gran referente de la arquitectura japonesa contemporánea. Al finalizar sus estudios universitarios, comienza a trabajar con quien había sido su profesor, hasta que en 1963 crea su propio estudio.

Desde el punto de vista formal, inicialmente, Isozaki plantea en sus proyectos soluciones eclécticas en las que se articula la tradición japonesa con las tecnologías más avanzadas. A partir de 1970, comienza a abandonar sus rasgos tradicionales para acercarse a las puras formas geométricas, por lo que empieza a identificársele con un término tan amplio como impreciso: el posmodernismo.

A lo largo de su dilatada vida, ya que en la actualidad cuenta con 87 años, aparte del Premio Pritzker de 2019, ha recibido otros reconocimientos de tipo internacional como son el del Royal Institute of Architects británico y el de la American Academy. Siguiendo los pasos de su maestro Kenzo Tange, él también es profesor visitante en las universidades estadounidenses de Columbia, Yale y Harvard.



Los Juegos Olímpicos celebrados en Barcelona en 1992 fueron uno de los eventos de la ciudad catalana en los que Arata Isozaki plasmó una de sus obras más significativas en nuestro país, pues a él se le debe el Palau Sant Jordi, lugar de competiciones deportivas tanto a nivel nacional como internacional, así como conciertos de grandes estrellas del rock.

Ubicado en la falda trasera de la montaña de Montjuïc, posee una capacidad para 17.000 personas, cifra lo suficientemente alta para dar lugar a que el arquitecto japonés acudiera a que el edificio se encontrara parcialmente colocado bajo tierra, con el fin de minimizar el impacto las dimensiones de la instalación.

Su silueta es una especie de síntesis de las culturas de Oriente y Occidente, dado que, en cierto modo, su tejado abovedado hace referencia a la arquitectura catalana, al tiempo que el resto de la estructura parece inspirada en los templos budistas. Como materiales empleó el ladrillo, los azulejos, el mármol y el zinc en sus acabados.





No me cabe la menor duda de que la mejor obra de Arata Isozaki en nuestro país es el Museo o Casa del Hombre que proyectó, junto a César Portela, en A Coruña en el año 1995, y que se encuentra ubicado en un promontorio que mira hacia la ensenada de Orzán. De modo inmediato, su espectacular fachada, construida por paneles de hormigón pretensado sobre los que se asientan losas de pizarra de 50 centímetros de lado, se asocia con la vela de un navío hinchada por el viento, impactante imagen al ubicarse, tal como he apuntado, sobre un macizo rocoso.

Como detalle, apuntaría que, a medida que se asciende por la escalera granítica de acera, se hace más visible la escultura que lleva el nombre de “Soldado romano” y que inequívocamente se relaciona con el escultor colombiano Fernando Botero, pues esas figuras voluminosas son sus señas de identidad, tanto en la pintura como en la escultura.

Por otro lado, la fachada posterior del edificio está formada por un doble muro de sillares de granito de 21 centímetros de grosor. Las paredes se mueven zigzagueando el terreno sobre el que se asienta el museo, de modo que el contraste entre el muro curvado de la fachada y los planos en diente de sierra acaban unificándose por el propio material que se usa para dar continuidad a la obra.



Si el Palau Sant Jordi de Barcelona y el Museo del Hombre de A Coruña eran las dos obras públicas de referencia de Isozaki en nuestro país, la Isozaki Atea (o Puerta Isozaki en español), es decir, el complejo de siete edificios acaba convirtiéndode en la gran obra del arquitecto japonés en Bilbao, ciudad que ya contaba con el renombrado Museo Guggenheim de Frank O. Gehry.

El proyecto, ubicado en el distrito Abando y en el que participa el arquitecto Iñaki Aurrekoetxea, se compone de dos grandes torres de 23 plantas y otros cinco de 6 y 8 pisos. Como punto anecdótico, tendría que decir que Isozaki creó su propia pasarela sobre la Ría y hubo que unirla a la que había proyectado Santiago Calatrava. Este hecho dio lugar a que Calatrava denunciara al Ayuntamiento de Bilbao por vulnerar sus derechos de propiedad intelectual. En 2007, la sentencia falló a favor del Ayuntamiento, pero Calatrava declaró su intención de apelar el fallo judicial.



Otra de las obras realizadas por Isozaki en Barcelona, ciudad en la que ha llevado adelante distintos proyectos, es el acceso principal al Centro Cultural de CaixaForum, que abre sus puertas en el año 2002, tras la remodelación efectuada en el edificio original. Hemos de tener en cuenta que este centro cultural es el resultado de los trabajos de rehabilitación de la antigua Fábrica Casaramona, uno de los ejemplos más destacados del modernismo catalán dentro del campo industrial.

El trabajo de Arata Isozaki consistió en urbanizar el acceso, de modo que se excavó un sótano para acoger el vestíbulo que proporciona la entrada a la antigua fábrica. Como elemento simbólico de la entrada, diseñó una gran estructura de vidrio y acero en forma de árbol, convirtiéndose en uno de los símbolos de la nueva arquitectura en la ciudad condal.

AURELIANO SÁINZ

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