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  • 9.11.19
Es preocupante que la ciudadanía acepte que los representantes públicos roben y vayan a lo suyo. Es preocupante que haya gente que se decante por partidos anticonstitucionalistas que solo quieren coartar la libertad del otro, del que no piensa como ellos. España es una democracia joven que aún no entiende que pueden caber bajo su nombre distintas ideas y sentimientos que han de ser respetados. Respetar lo tuyo y lo mío.



Sigue habiendo mucha gente que quiere que todos seamos iguales y no lo somos. Cada uno de nosotros tiene un ADN distinto y una historia vital diferente. Es frustrante ver cómo la clase política habla de recortes y de desaparición de las pensiones mientras ellos roban dinero público sin pudor y sin que les remuerda la conciencia.

La adoración al becerro de oro les ciega y no nos ven. Algunos dicen ser cristianos pero no les duele el dolor del prójimo. Porque el prójimo sufre porque no tiene recursos para subsistir, porque no tiene trabajo o un techo en el que cobijarse. Y muchos de ellos vienen de la clase baja trabajadora que, de un día para otro, perdió su sustento porque el sistema prefiere sueldos más bajos en países pobres o robots que no sienten.

Votamos a opciones vacías, a programas que no existen o no se cumplen porque mentir ya no es pecado. La derecha arrincona a una mujer preparada para poner a un hombre que tardó mil años en sacar una carrera fácil. Se prefiere al muñeco de trapo que a la abogada del Estado.

La izquierda no aprendió nada de la guerra y vive en sus compartimentos estancos llenos de barreras. Pelean como gallos y, mientras, los que creen en ellos, los que quieren un mundo más justo, miran desde abajo sin entender por qué no los ven. Personas que son números y no carne y hueso.

Un partido que se erigió en estandarte de la limpieza, que quería ser la mano dura contra la corrupción, que parecía un soplo fresco y resultó ser humo negro. Del naranja al negro. Y ante el caos reinante empiezan a surgir esos partidos nacionalistas, esos que siempre provocan guerras sin sentido bajo una bandera que llora porque no quiere que la usen como arma.

Debates políticos sin propuestas políticas, pantomimas que se ríen de nosotros. Faltas de respeto como en el peor amarillismo; egos inflados y ausencia de puentes para hacer un país mejor. España ni es un nombre, ni un escudo ni una bandera. España son millones de personas que quieren vivir en paz, que quieren comer todos los días, tener un trabajo y tomarse una cervecita los fines de semana con sus amigos. El español es dócil, a veces demasiado, pero si está contento, si tiene lo necesario, no se echa a la calle a pegarse con nadie. No ve al enemigo en el vecino.

Quiero políticos que unan y no dividan, que piensan en todos, que busquen la estabilidad social y que no se crean nada, salvo unos simples servidores de la ciudadanía que es quien les paga. Volveré a votar con el corazón y la cabeza esperando que la sociedad mejore, que la gente sufra menos y que las posibilidades sean iguales para todos.

MARÍA JESÚS SÁNCHEZ

DEPORTES - SANTAELLA DIGITAL

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