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Mostrando entradas con la etiqueta Negro sobre blanco [Aureliano Sáinz]. Mostrar todas las entradas
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  • 27.12.20
Llevamos casi un año con la pandemia que ha alterado los ritmos cotidianos de toda la sociedad. Y es que nadie imaginaba que en los inicios del siglo XXI fuéramos a sufrir una epidemia de tal envergadura que se extendería por todo el planeta.


El coronavirus, o el covid-19, como ahora de modo más preciso llamamos a este virus, lógicamente, se ha colocado en portada como la noticia más destacable de todos los medios de comunicación. Sobre las causas y los efectos que ha generado en la población y en los distintos sectores sociales y laborales se informa y se debate con regularidad, algo totalmente necesario; aunque, en ocasiones, nos sintamos abrumados por la omnipresencia del virus y de sus secuelas en aquellas personas que se contagian.

Sin embargo, sobre lo que no se ha informado (o, al menos, yo no tengo noticias de ello) es de cómo ha afectado emocionalmente a niños y niñas que ya saben que estamos en una pandemia y que por sus edades tienen que conocer las medidas de precaución que deben tomar, tanto en la calle como en el colegio. Me estoy refiriendo a los escolares que se encuentran en la etapa educativa de Primaria que cubre las edades de 6 a 11 o 12 años, es decir, una etapa del desarrollo crucial en la formación de la personalidad.

Como investigador en el desarrollo psicoafectivo de niños y adolescentes, me he preguntado cómo ellos percibían y vivían esta situación, si se sentían o no afectados fuertemente por este enorme cambio que se había producido en todos nosotros a lo largo de este año.

Dada la excepcional situación en la que nos encontramos, aquellas personas que somos externas a los centros, incluso los investigadores, no podemos acceder a las aulas, por lo que en esta situación me he tenido que valer de la ayuda de madres, padres y profesores amigos para conocer los estados emocionales de los escolares a partir del instrumento que habitualmente utilizo en las investigaciones: el dibujo libre que se les propone en las aulas y con el que pueden expresarse sobre el tema que se les ha indicado.

Con esta ayuda, he podido conocer cómo piensan, qué ideas bullen en sus mentes, cómo viven esta anómala situación, qué sentimientos desarrollan y cuáles son sus miedos y temores que se han afianzado durante estas fechas marcadas por la pandemia.

Aunque pretendo que la investigación que llevo a cabo sea lo suficientemente amplia para que los resultados sean lo más precisos posibles, en esta ocasión, quisiera hacer una presentación, no muy extensa, para que empecemos a ser conscientes de que los escolares se sienten bastante afectados por la situación que estamos viviendo. Así pues, selecciono y comento algunos dibujos de niños y de niñas de segundo curso de Educación Primaria que nos pueden servir como acercamiento a sus estados emocionales.

Los dibujos que muestro pertenecen a una clase de Plástica de segundo curso de Educación Primaria. A los escolares se les indicó que libremente dibujaran en la hoja cómo ellos veían el tema del coronavirus y que escribieran lo que les pareciera acerca de cómo se sentían.

Tengo que apuntar que todos ellos, excepto en un caso, manifestaban miedo, tristeza y, en algunos dibujos, aparecían llorando o decían que tenían ganas de llorar. Además, escribían que el virus era un bicho muy malo que les impedía poder jugar y abrazar a sus amigos o a sus amigas.

Y ahora para que veamos cómo expresaban gráficamente estos sentimientos y los comentarios que solían añadir a sus dibujos, he seleccionado seis que paso a comentar.

El dibujo de la portada creo que es bastante significativo. Corresponde a una niña de 7 años que se dibuja a sí misma en un primer plano, con el rostro muy triste, expresando su pena a través del propio trazado de los ojos y de la boca. A su lado, y en tamaño algo pequeño si lo comparamos con otros dibujos, traza un bicho verde como causante del mal. La pequeña titula a su trabajo como COVID y lo acompaña con un breve texto en el que dice: “Por el covid me siento muy mal”.


Por su parte, un compañero de su clase ha optado por dibujarse en plano entero, también con una sonrisa triste en forma de media luna que mira hacia abajo. A su lado ha plasmado un bicho circular grande con ventosas a su alrededor, con una boca agresiva y puntos rojos que según el pequeño autor eran gotas de sangre. La única palabra que ha escrito ha sido sencillamente “mal”, expresando de este modo el estado de ánimo que le acompaña desde hace tiempo.


De modo similar a la autora del dibujo de la portada, esta niña también se representa en primer plano, con los ojos cerrados y el trazado de la boca hacia abajo, como expresión de la tristeza que la embarga. El trabajo también lo ha titulado COVID. En la escena, aparecen, además, un bicho verde animista con rostro agresivo, una jeringuilla y una señal de prohibido acompañada debajo de la frase “odio al covid”. Debajo de ella misma ha escrito: “Me siento triste y nerviosa”.


El cuarto trabajo seleccionado corresponde a un niño que ha realizado una imagen con bastante similitud a la precedente, aunque, en este caso, el conjunto sea algo más sencillo gráficamente. Aquí al autor no le molesta dibujarse llorando, lo que es una clara expresión del estado de angustia y tristeza que vive el pequeño. La frase que le acompaña, “yo me siento triste”, es una clara manifestación del estado emocional que le embarga.


Hay otros dibujos recogidos de la experiencia, como los dos que vamos a ver a continuación, en los que los autores representan varios elementos relacionados con el covid-19. Es el caso de esta niña que se ha dibujado con la mascarilla puesta y llorando en el centro de la lámina. A su alrededor aparece, en la izquierda, una enfermera; encima, el coronavirus; a la derecha, un hospital; y, debajo su casa, con su madre y ella dentro. En los breves textos que ha escrito podemos leer: “Yo me quedo en casa / Yo me siento mal / El covid es malo / Yo me siento mal porque me gusta acercarme la primera”.


Cierro esta breve reseña de la investigación que llevo a cabo con el dibujo de un niño en el que, junto a manifestar su estado de ánimo, acude a la fantasía para explicar las ideas que tiene acerca del virus y sus consecuencias. Así, en el espacio superior, tras escribir COVID 19, traza un virus, tachado, con una corona encima; también un corazón partido con espadas a su alrededor… y debajo la línea del mar, con un cartel que alerta sobre el covid. Finalmente, destaco la frase con la que expresa sus propios sentimientos: “Me siento triste y mal”.

Aunque, tal como he indicado, siendo este un avance del conjunto de la investigación, la conclusión que podemos extraer a partir del análisis de los dibujos es que los niños y niñas de estas edades aparecen muy afectados emocionalmente por la situación que viven y cuyas causas atribuyen a un virus (o bicho verde en sus láminas) que les ha cambiado la vida. También porque, en cierto modo, se sienten desprotegidos, ya que no encuentran esa seguridad total, que psicológicamente esperarían encontrar en las personas adultas, como pueden ser sus padres o sus profesores, ya que también ellos están amenazados.

AURELIANO SÁINZ
  • 20.12.20
Siempre que me desplazo en coche a la Facultad en la que trabajo, dado que se encuentra en la periferia de Córdoba, tengo puesto en la radio la misma emisora: Radio 3 de Radio Nacional de España. Cuando en el curso pasado daba algunas clases son por la tarde, asomaba el programa de Disco Grande que dirige Julio Ruiz. Quienes conocen el veterano programa no es necesario que le diga que es magnífico, pues no solo presenta grupos y cantantes actuales, sino que a su presentador no le importa bucear en toda la historia de la música popular, al tiempo que dar noticias de la actualidad musical.


Y si lo cito aquí en esta serie, ahora que los vinilos han superado en ventas globales a los cedés, se debe a que no se puede entender un disco sin la carátula que lo envuelve, como si fuera la tarjeta de presentación que nos anuncia las canciones que están dentro.

En esa mirada hacia tiempos pasados y hacia los actuales que llevaremos en la sección, recojo de Julio Ruiz una noticia que no quiero dejarla de lado. Se trata de una referencia al cantante británico Cat Stevens, quien el año 1970 publicó el espléndido elepé titulado Tea for the tillerman que contenía la canción con ese mismo título. Lo novedoso del cantante londinense, que posteriormente se convirtió al islam, es que en el diálogo entre el padre y el hijo que aparecía en la canción incorpora su actual voz como padre, al tiempo que se le añaden algunos arreglos orquestales al tema.

Ahora que se acerca el final del ‘olvidable’ 2020, esta noticia me hizo retroceder al año en el que se cerraba la década prodigiosa del rock y del pop, es decir los sesenta, y comenzaba otra tan interesante como fue la de los setenta. Desde mi óptica, creo que de vez en cuando no viene mal realizar una mirada retrospectiva y traer al presente aquellos magníficos álbumes que vieron la luz años atrás y que todavía pueden escucharse sin ningún problema.


¿Y por qué traigo a colación a un cantante y a un disco de hace nada menos que 50 años y del que apenas se supo de él tiempo después? Pues por la sencilla razón de que por aquella época Cat Stevens publicó tres discos intemporales: el anteriormente citado, cuya portada era del propio cantante, junto con Mona Bone Jakon y Teaser and the firecat.

Con posterioridad el cantante británico siguió publicando, pero la creatividad empezó a declinar, de modo que la brillantez de sus canciones solo aparecía en algunos temas aislados; sin embargo, en el resto se notaba cierta reiteración de sus hallazgos anteriores.

Llegó el día en el que se deja barba larga y aparece sin ese pelo ensortijado que le había caracterizado, al tiempo que comunica que ahora se llama Yusuf Islam. A partir de ese momento, prácticamente desaparece del mapa musical y ya apenas se tienen noticias suyas.


Podemos apuntar que también en el año de 1970 aparecería el esperado segundo disco de Santana, banda que encabezada por el propio Carlos Santana mezclaba los ritmos latinos con el rock. Este nuevo elepé, titulado Abraxas, contenía temas tan atractivos como Black Magic Woman, que estaba firmado por Peter Green de Fleetwood Mac, Oye cómo va, de Tito Puente o Samba para ti, del propio Carlos Santana.

Pero de nuevo nos sorprendía con su portada (que la he tomado como ilustración del artículo), ya que era una pintura titulada Anunciación del artista polaco Mati Klarwein. La carátula, que se abría como solía suceder en muchas de aquellas fundas de los elepés, nos muestra a una virgen africana negra, desnuda y tapada por una paloma, al tiempo que un ángel rojo aparece montado sobre un tambor a modo de anunciación.


En 1970 se cerraba la década de los sesenta, aquella que había conocido la explosión musical inequívocamente encabezada por los Beatles. A este genial grupo le acompañaron, como si fueran la versión rebelde, los Rolling Stones. Pero el mítico grupo de Liverpool acabó su trayectoria precisamente en este año que comentamos, dejándonos auténticas joyas que aún hoy nos suenan con toda la creatividad y frescura de aquellos años. Cerró con Let it be, en cuya portada aparecen los rostros de cada uno de ellos enmarcados de manera separada, como si fuera una imagen premonitoria de que, a partir de ese momento, cada cual tomaría su propio rumbo.


Y así fue. Lo más sorprendente fue que George Harrison que, junto a Ringo Starr, se encontraban un tanto a la sombra del inmenso talento que desplegaban John Lennon y Paul McCartney, edita de modo individual una caja con tres elepés. El título de este triple era el de All Things Must Pass (Todas las cosas deben pasar). Disco inalcanzable para la mayoría de los bolsillos de los jóvenes aficionados y del que se recuerda de modo especial el tema de My sweet Lord.


Entre los discos que se publicaron no podemos dejar de lado Puente sobre aguas turbulentas de Paul Simon y Art Garfunkel. Un elepé que suponía la cima musical del dúo estadounidense, a la vez que el anuncio de la separación del dúo. Con el tiempo se demostró, tal como algunos intuíamos, que Paul Simon era la verdadera mente creadora.

En el elepé, aparte de la canción que daba nombre al disco, se encontraban canciones inolvidables como El cóndor pasa, Cecilia, The boxer o la versión que hacían en directo del tema de los Everly Brothers Bye bye love.

He citado a algunos de los discos que aparecieron en el comienzo de esa una nueva década. Pero también habría que hacer referencia a Deep Purple (In rock), Black Sabbath (Black Sabbath), Crosby, Stills, Nash & Young (Déjà Vu), Neil Young (After the gold rush), The Who (Live at Leeds), James Taylor (Sweet baby James), etc.



¿Y qué sucedió en el panorama español con los numerosos grupos que siguiendo la estela de las bandas británicas habían aparecido en los años sesenta? Los sesenta fueron los años de Los Brincos, Los Bravos, Los Pekenikes, Los Mustang, Los Sirex, Lone Star, Los Salvajes, Mickey y los Tonys… y un largo etcétera que no cabría en estas páginas. Algunos continuaron en la nueva década; otros, como Los Brincos, daban por finalizada su trayectoria desde el punto de vista de la creación musical.

Así, Los Brincos, el que fuera el más relevante de todos (con permiso de Los Bravos) nos dejaban como legado enormes éxitos: Flamenco, Lola, Un sorbito de champagne, Borracho, Sola, Nadie te quiere ya… Todo un auténtico fenómeno musical de la década prodigiosa española.

Pero los cambios y avatares que sufrieron en su no muy larga trayectoria dieron lugar a que en 1970 sacaran su último elepé titulado Mundo, demonio y carne, con una singular portada (que se abría, por lo que en este caso solo aparece la parte de delante) de Jesús Rodríguez Parada-Cumella, muy alejada de aquella imagen tan castiza en la que sus cuatro miembros aparecían con la capa española o con cascabeles.

Sin embargo, para la edición internacional acudieron a la misma que había realizado con anterioridad el director de cine Iván Zulueta para el disco Contrabando. Al año siguiente, en 1971, Los Brincos desaparecieron como grupo, siguiendo la estela de otros foráneos de corta pero vibrante trayectoria… Continuarían o nacerían otros en las tierras hispanas.

AURELIANO SÁINZ
  • 13.12.20
Nos encontramos en diciembre, el último mes del 2020, año que nunca olvidaremos por las circunstancias de todos conocidas. Pero antes de que se cierre este ciclo, quisiera indicar que ha aparecido recientemente un libro que lleva el mismo título que el que he puesto para el artículo: Primavera extremeña. Su autor, el leonés Julio Llamazares, es uno de los escritores de mayor prestigio de nuestro país, de cuyas obras yo destacaría Luna de lobos y La lluvia amarilla.


Llamazares tuvo la intuición de que a mediados de marzo se confinaría el país, por lo que antes de que oficialmente se decretara optó por trasladarse a una casa de campo propiedad de la familia y que se encuentra próxima a Trujillo, ciudad de la provincia de Cáceres.

Pensaba que el encierro sería de dos semanas, tal como inicialmente estaba previsto por el Gobierno. Pronto se daría cuenta que ese confinamiento duraría más de dos meses y medio. Sin embargo, lo que podría ser un penoso encierro forzado, para él y sus acompañantes se convirtió en un verdadero placer al comprobar de modo directo el despertar de los campos extremeños en la última primavera.

Y esa experiencia nos la ha dejado escrita en un texto de algo más de cien páginas, bellamente ilustrado con láminas de acuarela realizadas por Konrad, un alemán casado con una extremeña que reside desde hace años en una casa próxima a la que acudió Llamazares para pasar el confinamiento.

Penetrar en el texto implica sumergirse en un relato pausado, de ritmo tranquilo, en el que se describe minuciosamente el goce de contemplar día a día el esplendor de los campos una vez que las lluvias los han regado generosamente como ha acontecido en esta ocasión.

Quienes somos naturales de esta hermosa tierra ya sabíamos de su singular encanto; pero era necesario que alguien foráneo, con una magnífica escritura, nos la describiera y fuera capaz de trasladar a las páginas de un libro las estampas que se desplegaban ante sus ojos.

Por mi parte, una vez leído el texto, lo mejor que puedo hacer es extraer algunos de los párrafos de Primavera extremeña, acompañándolos de cuadros de Godofredo Ortega Muñoz (1899-1982), pintor nacido en San Vicente de Alcántara (Badajoz), el mismo que plasmó la sobria belleza los campos de Extremadura.

Puesto que son pocos personajes los que aparecen en el relato, destacaré aquellos párrafos que describen la tierra, la naturaleza, el tiempo, el esplendor de los campos en la última primavera. Por otro lado, lo razonable hubiera sido que en esta selección se vieran las acuarelas que acompañan al texto; sin embargo, presentan el inconveniente de que en varias ocasiones se muestran a doble página, con el problema de que las imágenes aparecerían cortadas por la mitad con una línea oscura vertical.

Doy paso, pues, a una selección de párrafos que nos acercarán a este excelente libro, iniciándola con sus primeras líneas y cerrándola, lógicamente, con las últimas.


Uno de los lamentos más repetidos por los españoles durante la cuarentena obligada por la pandemia que asola el planeta entero desde el comienzo de este siniestro 2020 (año bisiesto, año siniestro, dice el refrán) es que aquélla les robó la primavera. Por circunstancias, a mí, en cambio, me regaló la primavera más fantástica que disfruté de principio a fin a pesar de la inquietud de los dramas que se sucedían a mi alrededor, algunos protagonizados por personas muy cercanas y queridas.


Llegamos a Extremadura el 13 de marzo del 2020 huyendo de un Madrid cada vez más fantasmal. Desde hacía varios días, la ciudad vivía sumergida en una inquietud que hacían que los vecinos anduvieran por las calles más deprisa y un silencio sospechoso se apoderaba de unos y de otras por momentos. Se palpaba la atmósfera de temor, como contaminación añadida, que se extendía por las avenidas en las que las acacias y los plátanos de sombra ya presentaban sus primeros brotes.


Los primeros días de la cuarentena apenas fuimos conscientes de ella, ocupados como estábamos en la adaptación a nuestra vida y entusiasmados por la belleza de un lugar que, aunque familiar, apenas nunca habíamos disfrutado en esta época. Normalmente veníamos más avanzada la primavera, a mediados de mayo o en junio, cuando la sierra se llena de una luz de oro, la del reflejo del sol en la hierba seca y en los frutos que los árboles ofrecen por entonces: madroños, granadas, membrillos, higos y, por supuesto, las uvas de la viña, que al final de setiembre están en sazón.


La primavera siguió su curso. A comienzos de abril empezó a llover y durante todo el mes no dejó de hacerlo, veces suavemente, como en el norte, y otras en forma de tormentas, que en la sierra cobran una intensidad mayor (…). El 19 de abril lució por fin el sol después de una semana lloviendo sin parar. Lo hizo a media tarde, con gran espectacularidad, y el campo, como un espejo se llenó de una luz brillante que resplandecía sobre la vegetación.


El refrán popular, ese que dice que marzo ventoso y abril lluvioso hacen a mayo florido y hermoso, se cumplió completamente, tanto que los adjetivos comenzaron a hacérsenos pobres a la hora de describir el paisaje que nos rodeaba (…). Mayo se despedía, pues, como comenzó. Había llovido tanto en abril que el calor absorbía la humedad formando nubes que al cabo de algunos días volvían a soltar agua y así cada poco tiempo.


Definitivamente no habíamos podido elegir un mejor sitio que el lagar extremeño del que me despediría en pocas horas, pero no sólo por su emplazamiento, sino por la primavera que nos permitió vivir, esa primavera llena de lluvias y de maravillas (…). Sin pretenderlo, al cabo de muchos años, había vuelto a vivir en un tiempo perdido, el tiempo de la infancia, esa que nunca pasa en nuestra memoria porque se convierte en oro como la primavera extremeña al llegar el mes de junio y con él el verano y el calor.

* * * 

Como colofón a esta breve selección de párrafos del libro de Julio Llamazares, quisiera indicar que quienes no conozcan el norte de Extremadura yo les invitaría a que acudieran en alguna ocasión y descubrieran la primavera cubierta por los almendros floreciendo. El espectáculo es uno de los más bellos que podemos imaginar.

AURELIANO SÁINZ
ILUSTRACIONES: GODOFREDO ORTEGA MUÑOZ
  • 6.12.20
El próximo 9 de diciembre se celebra el Día Internacional del Laicismo, fecha que se ha tomado como referencia en la que la Constitución de Francia de 1905 declaraba al Estado francés como laico. En nuestro país, y a pesar de la acusada secularización de la sociedad, del término “laico” o del laicismo apenas se habla, puesto que en todo caso se suele decir que vivimos en un Estado “aconfesional”, sin que se tenga muy claro qué implica en los distintos ámbitos este término.


Aprovechando esta conmemoración, me ha parecido oportuno realizar una entrevista a José Antonio Naz, coordinador de Andalucía Laica, organización que forma parte de Europa Laica, que es el referente nacional del laicismo en nuestro país.

Sobre el entrevistado, aparte de un buen amigo de muchos años, quisiera apuntar que ha sido profesor de Francés en distintos institutos (entre ellos, Inca Garcilaso de Montilla y Blas Infante de Córdoba). En la actualidad se encuentra jubilado, por lo que su dedicación a la causa del laicismo es bastante intensa.

—José Antonio, me gustaría comenzar esta entrevista de modo que nos aclararas el término laicismo, tan poco conocido en nuestro país, y en qué consiste en ser laico. 

—Considero que ser laico es defender el laicismo, término que puede definirse por tres principios. En primer lugar, por la defensa de la libertad de conciencia, es decir, de la potestad personal a las propias creencias sin ser discriminado ni privilegiado por ello. También, por la de la igualdad de derechos de todas las personas, reflejada en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, lo que obliga a la sociedad a que se respeten por igual a creyentes o no creyentes, lo que conduce a la separación del Estado de cualquier confesión religiosa. Y en tercer lugar, por el interés que supone garantizar el ámbito público como algo común y general para toda la ciudadanía.

—En la actualidad, tras muchos años de actividad, eres coordinador de Andalucía Laica, organización que representa en nuestra tierra a Europa Laica. ¿Me puedes explicar cuáles son los objetivos que se plantean en esta última organización y qué nivel de implantación tiene en el territorio nacional?

—Como puede entenderse, Europa Laica tiene por objetivo fundamental conseguir la laicidad en la sociedad y que el Estado sea realmente laico, dado que este término es más claro que el de “aconfesional”, que solo existe en nuestro país. Esto supondría avanzar y profundizar en la democracia, puesto que en muchos aspectos se solapan lo público, que es de todos, con los intereses de la Iglesia católica que, a pesar de ser la religión mayoritaria en nuestro país, es una institución privada.

Como asociación, tengo que decirte que Europa Laica fue creada hace veinte años. Desde entonces, funciona tanto en el ámbito nacional como en las comunidades autónomas, con bastantes afiliados y simpatizantes. También contamos con socios en países europeos, manteniendo relaciones de cooperación con asociaciones humanistas de Europa.

—Antes de iniciar la charla, hablábamos de que una parte significativa de la gente de nuestro país suele pensar que el laicismo o ser laico es ir en contra de la religión o ser anticlerical, y que son cosas de agnósticos o ateos. ¿Qué puedes decirme de esto?

—Que para nada estamos en contra de ninguna religión. En nuestra asociación hay personas creyentes y no creyentes. Creo que la confusión radica en que, a pesar de los más de cuarenta años transcurridos desde la aprobación de la Constitución, en la práctica se mantiene el predominio institucional de la Iglesia católica, casi como si siguiéramos en el nacional-catolicismo franquista. En la separación de la Iglesia del Estado se ha avanzado muy poco.

—Enlazando con lo que indicas, España pasó de ser un Estado con una religión oficial a ser constitucionalmente aconfesional. Hoy, cada cual puede decir si quiere o no pertenecer a la Iglesia católica o cualquier otra confesión religiosa o a ninguna ¿No crees que esto es suficiente?

—Pienso que en realidad hay dos constituciones: una formal y otra real. Cierto que desde el punto de vista formal dejamos de ser un país confesional. Sin embargo, en la práctica, y a pesar de la amplia secularización de la sociedad, en muchos casos se sigue actuando como si la aconfesionalidad del Estado no existiera, y ello se debe a que no se ha desarrollado una legislación que acabe con muchos de los privilegios que provenían del régimen anterior.

Esto que indico puede verse, por ejemplo, en la influencia de la Iglesia católica en el ámbito de la educación pública, en la utilización de las tradiciones, en la financiación que recibe del erario, en la ausencia de impuestos de bienes que no están destinados al culto, etcétera. Y todo ello cuando los datos recientes del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) nos dicen que más de un 36 por ciento de los encuestados se declaran no creyentes, agnósticos o ateos, es decir, más de un tercio de la población adulta no se siente vinculado con ninguna creencia religiosa.

—En las campañas que lleváis adelante defendéis que la escuela pública también sea laica. Una objeción que se suele hacer te la planteo como interrogante: ¿No tienen los padres el derecho a que sus hijos reciban en los colegios enseñanza religiosa?

—Intentaré ser breve en este tema, ya que es extenso de argumentar. Para empezar, consideramos que también el menor de edad debería tener derecho a su propia libertad de conciencia. Por otro lado, es cierto que la Constitución española concede a los padres la posibilidad de elegir una formación religiosa para sus hijos, pero este derecho, que aparece en los Acuerdos con la Santa Sede de 1979, fueron elaborados antes de la aprobación de la Constitución, por lo que son preconstitucionales.

Por otro lado, la obligatoriedad de la religión en la enseñanza supone una segregación y división del alumnado desde edades muy tempranas en función de las creencias de los progenitores. Y un supuesto derecho de unos no debe conducir a una obligación para quienes no optan por la enseñanza religiosa, ya que, además, se les priva a todos de un tiempo que podría dedicarse a materias fundamentales.

Entendemos que la educación religiosa puede desarrollarse en sus respectivas comunidades, sea en los templos y dentro de las familias. La escuela pública debe formar a ciudadanos en valores comunes e instruidos en contenidos científicos y humanistas y en competencias que les permitan un desarrollo humano y profesional.

—Volviendo hacia atrás. ¿Por qué vuestra insistencia en la anulación de los Acuerdos con la Santa Sede de 1979?

—Porque, tal como he apuntado, son preconstitucionales, aprobados por un Estado que todavía se declaraba nacional-católico. Esos acuerdos no pueden estar por encima de la Constitución, ya que no tienen el rango de acuerdos internacionales como son, por ejemplo, los firmados con la Unión Europea. En realidad, para que queden anulados solo tienen que ser ‘denunciados’ por una de las partes (el Estado español o la Santa Sede).

De hecho, Europa Laica llevó a cabo una propuesta parlamentaria para que fueran anulados dichos acuerdos. La propuesta fue aprobada en Comisión por una mayoría de los partidos que formaban el Congreso en el año 2018, que siguen siendo mayoritarios en esta Legislatura.

—Un tema que habría que tratar de modo específico por la importancia que tiene es el de las inmatriculaciones. Para no excedernos, me gustaría que lo explicaras con la mayor brevedad posible.

—El caso de las miles de inmatriculaciones que ha llevado la Iglesia católica de inmuebles nace de la Ley Hipotecaria de 1946, cuando el Estado y la Iglesia funcionaban al unísono, de modo que le concedía a los obispos la capacidad de registrar propiedades que no aparecían en el Registro de la Propiedad, sin tener que presentar documentación de certificación de dicha propiedad. Es decir, se les equiparaba a los notarios.

Inicialmente, estaban excluidos los templos. Sin embargo, la ley fue reformada por el Gobierno de Aznar en 1998, de modo que también los templos podrían pasar a ser propiedad de las distintas diócesis. A partir de entonces, los obispos de nuestro país han registrado a su nombre todo tipo de inmuebles y prácticamente todos los templos. Y es que también se han inmatriculado cocheras, frontones, calles, plazas, etcétera, y una parte importante del Patrimonio público como son las catedrales o la propia Mezquita de Córdoba.

—Para cerrar, me gustaría que me indicaras el modo de ponerse en contacto con Andalucía Laica por parte de aquellos lectores que estuvieran interesados en ello.

—Para quienes deseen conocer nuestros planteamientos les recomiendo que visiten la página web laicismo.org y para contactar con Andalucía Laica pueden hacerlo en andalucialaica@andalucialaica.org o en cordobalaica@cordobalaica.org para quienes residan en Córdoba o su provincia.

AURELIANO SÁINZ
  • 29.11.20
De entrada, para quienes no conozcan el significado de TEA, quisiera indicar que ese acrónimo, o término que se obtiene a partir de unión de las iniciales de varias palabras, responde a las de Trastorno del Espectro Autista, que es la denominación correcta que se suele emplear cuando niños o niñas presentan manifestaciones de autismo, discapacidad que da lugar a que se encuentren centrados en sí mismos y distanciados del mundo exterior que los rodea.


Tengo que indicar que, en la actualidad, y dentro del ámbito educativo público, los escolares que presentan alguna discapacidad física o psíquica se encuentran integrados en las aulas con el resto de sus compañeros, al tiempo que, durante unas determinadas horas semanales, reciben la atención y el seguimiento de docentes que trabajan como tutores en las denominadas ‘aulas de integración’ para que avancen en sus necesidades específicas de aprendizajes.

Esto ha supuesto un importante avance, puesto que los centros destinados exclusivamente a los escolares con determinadas discapacidades implicaban que se les separaba del resto de niños y niñas de sus edades. Se puede entender que de este modo reciban mejor atención; sin embargo, presenta el problema que conllevaba el distanciamiento del resto, al tiempo que se genera en ellos un sentimiento de segregación al verse como personas distintas a las otras.

No es necesario que indique que madres y padres que tienen un hijo o una hija con una discapacidad saben que es necesario volcarse en ellos, a pesar del significativo progreso que ha supuesto el que sean considerados con igualdad de derechos y no verse segregados ni rechazados por la sociedad, tal como acontecía en épocas pretéritas.

Sobre el autismo hay mucho que aprender, ya que desconocemos sus orígenes, aunque sus manifestaciones, tal como he indicado, son las de escasa capacidad de comunicación e interacción con los demás, por lo que niños y niñas con TEA, en gran medida, se encuentran en ‘su propio mundo’ al que es difícil penetrar por parte de los demás.

Sin embargo, un modo de acceder a ellos es a través de sus dibujos, dado que cuando los realizan se encuentran aislados del resto mientras plasman gráficamente sus imágenes mentales. Para comprender esto, hemos de saber que, según la estadounidense Temple Grandin, los autistas piensan inicialmente con imágenes, para, posteriormente, trasladar sus significados a palabras.

Esto lo expresa una mujer a la que a los dos años se le diagnosticó una ‘lesión cerebral’, aunque más tarde se comprobó que era autismo. Lo sorprendente de su vida es que no solo se licenció en Biología, sino que llegó a alcanzar el grado de Doctora en ciencia animal por la Universidad de Illinois, centro en el que actualmente es profesora. A nosotros nos ha llegado un magnífico libro suyo titulado Pensar con imágenes. Mi vida con el autismo, cuya lectura me impresionó por el coraje y la sinceridad de sus palabras.

Pero para llegar al sorprendente nivel que alcanzó Temple Grandin fueron necesarios una dedicación y un empeño exhaustivos de su madre para potenciar sus habilidades motrices y sus facultades intelectuales con el fin de que no quedara relegada en este mundo tan difícil para la mayoría; y que para las minorías es casi como escalar el Everest.


Esto es, en cierto modo, lo que acontece con Almudena, una niña de diez años (cuando escribo esto está a punto de cumplir los once), ya que tiene unos magníficos padres que se vuelcan en que su hija avance, desarrolle sus capacidades y sea lo más dichosa posible dentro de las grandes dificultades que tienen que afrontar por presentar autismo.

Como datos, indicaré que a la madre de Almudena la tuve como alumna hace pocos años en la Facultad y en la especialidad de Educación Infantil. No le importaba estar con gente mucho más joven que ella, pues, imagino, que tenía el reto por delante de formarse en un doble sentido: por un lado, en el personal y, por otro, en capacitarse para poder comprender y ayudar a sus dos hijas, especialmente a Almudena, la mayor de ambas.

De igual modo, he llegado a conocer a su padre hace unos meses. Lo suelo ver con más frecuencia, por lo que charlo con él en su lugar de trabajo y, aunque no pueden ser muy largas las conversaciones, me explica el mundo de su hija y los avances que va teniendo.


De este modo, sé que una de las actividades que más le gusta a Almudena es dibujar y pintar, capacidad que ellos fomentan y que la niña se entrega a ella con gran entusiasmo.

Dentro de sus temas preferidos se encuentra el mundo de los pequeños animales (ratones, ardillas, pájaros…) todos ellos con carácter animista y muy cercanos a los que vemos en los dibujos animados. Son versiones personales que ella imagina de ese conjunto de imágenes con los que ahora la infancia está rodeada, sea en los cuentos ilustrados o en los programas de cine o televisión.

Así, en el dibujo que he seleccionado para la portada, vemos que ha plasmado un pajarillo que está tocando un instrumento de cuerda, junto a unas arcadas que recuerdan a las de la Mezquita de Córdoba, teniendo como fondo las siluetas de unos castillos.

Pero donde ella se expresa con más entusiasmo es en los dibujos que realiza de distintos pintores. Según me manifiesta su padre, ellos le proporcionan la lámina y Almudena acude a crear un pintor o una pintora a partir de sus animalillos y, una vez que traza el lienzo con el caballete, en su interior interpreta la composición que ha visto previamente.

Con el fin de que comprendamos su imaginación y sus capacidades gráficas, he incorporado las interpretaciones que ha realizado de Joan Miró, Piet Mondrian, Claude Monet y Gustav Klimt. De todos ellos, según me indica su padre, su preferido es Monet, quizás porque el pintor francés, dentro de su línea impresionista, se decantaba por la naturaleza, las plantas y las flores, que, imagino, la niña los siente como más próximos a su mundo.

Para cerrar, quisiera añadir que todos los seres humanos tenemos diversas capacidades. No nos dividimos en ‘normales’ y discapacitados, y que insistir en las carencias, incluso las más significativas, no deja de ser una manera de crearles más barreras a quienes necesitan un apoyo especial por parte de una sociedad que debe integrarlos, no solo en la infancia y la adolescencia, sino también cuando son adultos en el ámbito laboral, ya que es aquí donde encuentran verdaderos obstáculos para sentirse como personas que son verdaderamente útiles.

AURELIANO SÁINZ
  • 22.11.20
Uno de los efectos de la pandemia en la que actualmente nos encontramos es la ausencia de contactos físicos por el temor al contagio. Esto lo hemos notado no solo por la distancia que mantenemos al charlar, sino en algo tan natural en nuestras vidas como son los besos y los abrazos que de modo habitual dábamos en la familia o con los amigos. Sentimos, pues, una enorme extrañeza al tener que renunciar a estos contactos tan frecuentes en culturas como la nuestra, en la que nos solemos expresar con efusividad con aquellas personas a las que queremos.


Las mascarillas que ahora necesariamente llevamos puestas nos distancian y nos sirven de barrera no solo ante aquellos que nos son desconocidos, sino que también ante los más cercanos, dado que parecen ser una señal que nos indican que los abrazos y los besos se han aplazado hasta un tiempo futuro que no logramos precisar cuándo llegará.

Pensando en aquellos besos que se han ausentado durante estos meses tan gélidos, asomó a mi mente el recuerdo de uno muy apasionado que acabó convirtiéndose en la quintaesencia del beso de los enamorados. Me estoy refiriendo al que se muestra en un cuadro que lleva precisamente la denominación de El beso y que realizó el pintor austríaco Gustav Klimt. Título que pareciera que antes de que Klimt lo trasladara al lienzo ninguna mujer hubiera recibido esa expresión de amor tan intensa.

Esto lo pude comprobar la primera vez que visité Viena. En aquellos días, consideré necesario acudir a ver las obras del pintor más famoso de esa pequeña nación que es Austria. Bien es cierto que la propia Viena, ciudad maravillosa situada en pleno corazón de Europa, merece la pena ser visitada, ya que es un verdadero placer recorrer sus calles, contemplar sus amplias plazas cargadas de monumentos o ver los edificios que proyectó el genial arquitecto Adolf Loos, el mismo que preconizaba una nueva arquitectura alejada de todo ornamento superficial.

Acudir, pues, al Museo Belvedere, en el que se encuentra gran parte de las obras del pintor simbolista Gustav Klimt, se ha convertido en un rito casi obligatorio para todo visitante que arribe a la capital austríaca. Y ni que decir tiene que ese lienzo se ha convertido en un auténtico símbolo del país, por lo que es imposible desmarcarse de los múltiples souvenirs que aparecen por doquier de los enamorados que se están besando.

Este cuadro, cargado de un halo de romanticismo, nos muestra a una pareja en la que el personaje masculino envuelve en un abrazo amoroso a la mujer que le acompaña, al tiempo que besa el rostro de su figura frágil que, arrodillada, parece acoger con gozo ese estado de mutua entrega. Flores, hojas, vestimentas con adornos dorados, rodean a ambos, que acaban fusionándose entre sí, formando un todo perfectamente unido.

Una vez concluida la visita, es difícil regresar de Viena sin que uno no haya comprado algún objeto, grande o pequeño, que nos haga recordar a este célebre lienzo. En mi caso, fue un pequeño reloj de pared, de formato rectangular, que lo tengo colgado en el estudio y que siempre me trae a la memoria los espléndidos días que allí pasé.


Pero no solamente la obra de Gustav Klimt se ha convertido en el icono del beso de una pareja difundida a nivel planetario, ya que es posible rastrear más imágenes dentro del arte que nos recuerden a dos enamorados en las que ambos manifiestan el amor que se profesan.

Otro lienzo, que curiosamente también lleva por título El beso, fue el realizado por el pintor italiano Francesco Hayez (1791-1882). Obra cargada de un halo romántico en la que contemplamos a una pareja medieval en pleno beso amoroso, ya que el rostro del protagonista aparece ocultado parcialmente por el sombrero que porta.

Como detalle quisiera apuntar que el propio Francesco Hayez, convencido del valor simbólico de esta escena, hizo cinco versiones de esta obra, una de las cuales salió recientemente a subasta en la sala Christie’s de Nueva York dentro de una venta dedicada al arte europeo del siglo XIX.

Ciertamente, en las artes plásticas no son frecuentes las imágenes de parejas besándose, pues no recuerdo otras similares a las citadas. No sucede lo mismo dentro de la fotografía y, de modo especial, en el cine, donde son muy habituales los besos de los enamorados en distintos ambientes o en diferentes situaciones. Porque en las imágenes del mundo del celuloide hay todo tipo de besos: recatados, furtivos, atrevidos, cálidos… y, lógicamente, los apasionados.

Así, sin mucho pensar, me viene a la mente el beso que Burt Lancaster y Deborah Kerr se dan en la orilla de la playa en la película De aquí a la eternidad; o el de Rhett Butler a Scarlett O´Hara en Lo que el viento se llevó; o aquel con el que se despiden Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en Casablanca.

Y dentro de la fotografía, un beso verdaderamente apasionado fue el que registró el fotógrafo alemán Alfred Eisenstaedt en el año 1945, con el que un marino y una enfermera celebran su reencuentro tras la victoria de las fuerzas de Estados Unidos sobre las japonesas.

Según se nos ha dicho, el fotógrafo envió todo el reportaje que había tomado durante ese día en las avenidas de Nueva York, pero fue precisamente esa escena la que a la redacción más le interesó por el romanticismo que transmitía. Le preguntaron a Eisenstaedt quiénes eran los jóvenes que allí aparecían; lógicamente, no supo decir de quiénes se trataba, dado que fue un hecho totalmente imprevisto que pudo registrar fortuitamente con la lente de su cámara. Pero, finalmente, ese beso fortuito quedó registrado para siempre como el de dos enamorados que se encuentran en medio de la gran ciudad.

Como he indicado, hay muchos tipos de besos. De ahí que se hable de besos apasionados, besos traicioneros (recuérdese el beso de Judas), besos esquimales, besos de compromisos, besos fraternales, besos dados con los dedos, besos furtivos, besos en los encuentros, besos en las despedidas…

No obstante, no quisiera cerrar este escrito sin citar esos besos anónimos que están cargados de enorme ternura: son los que espontáneamente dan los niños a sus padres o a sus abuelos. Son los más limpios, los más puros, los más inocentes. 

Son los que penetran en el corazón de quienes los reciben, porque no necesitan acompañarse de palabras ni de grandes declaraciones para sentir la franqueza y el cariño de quienes los manifiestan, sabiendo que llegan a las mejillas cargados de la alegría que solo los pequeños saben transmitir. Y estos, por suerte, durante estos tiempos tan distantes y tan glaciales no se han podido confinar.

AURELIANO SÁINZ
  • 15.11.20
El pasado 13 de noviembre se cumplieron cinco años del atentado en la sala Bataclan, situada en el bulevar Voltaire del distrito IX de París. Un grupo de fanáticos pertenecientes al denominado Estado Islámico asesinaron a sangre fría a 89 personas que asistían a un concierto. Otros, de manera coordinada, continuaron sembrando el terror en distintos puntos de la capital francesa.


Resulta paradójico que este atentado se produjera en un lugar que lleva el nombre de uno de los grandes filósofos y escritores perteneciente a la Ilustración francesa del siglo XVIII y que con mayor pasión defendió la necesidad de que Francia fuera un Estado laico, al tiempo que arremetía contra los fanatismos religiosos. Pasados los años, en 1905, la Constitución francesa declaró oficialmente laico al Estado, con la separación de los poderes públicos de las confesiones religiosas.

Por otro lado, tengo que apuntar que la sala Bataclan fue proyectada en 1864 por el arquitecto Charles Duval en forma de pagoda china, por lo que su nombre original fue el de ‘Grand Café Chinois’, aunque cambió de nombre haciendo referencia a la opereta Ba-ta-clan de Jacques Offenbach.

A partir de los años setenta, en Bataclan se empezaron a programar conciertos de rock, por lo que el local se convirtió en un mítico lugar para los amantes de este género, ya que por allí pasaron nombres legendarios, desde Velvet Underground hasta The Eagles, sin olvidar a Lou Reed, David Byrne, Emmylou Harris, Alice Cooper y un largo etcétera.


Han transcurrido más de dos siglos desde que sus escritos sobre la intolerancia religiosa vieran la luz pero, por desgracia, los fanatismos religiosos siguen vivos y respaldados por políticos que se han apoyado en las distintas religiones o sectas religiosas para defender sus proclamas de odio contra la tolerancia, la diversidad cultural y de creencias de las personas. Conviene, pues, que echemos una mirada a este autor y destacar, a través de una selección de párrafos de sus obras, su pensamiento libre de prejuicios y de ataduras.

Puesto que Voltaire era un seudónimo que adoptó en su juventud, y del que nunca llegó a explicar la razón de este apelativo, conviene recordar que su verdadero nombre era el de François-Marie Arouet, que naciendo en París, el 21 de noviembre de 1694, acaba sus días en la misma ciudad a la edad de 83 años, es decir, en 1778.

Es importante indicar que su madre, que falleció cuando contaba siete años, era de familia noble, por lo que el pequeño François-Marie recibió una sólida formación en lenguas clásicas –latín y griego– en el colegio jesuita Louis-le-Grand de la ciudad parisina.

Esto nos lleva a apuntar que a pesar de sus invectivas en la madurez contra la intolerancia religiosa, él consideraba que la existencia de Dios era necesaria para explicar el origen del universo, aunque, una vez creado, no intervenía en su desarrollo ni en los asuntos humanos. Es, pues, lo que se conoce como deísmo, en el sentido de que se afirma la existencia de un ser supremo, pero sin que haya ninguna revelación, ni, en consecuencia, la necesidad de un culto hacia el mismo. Esta posición le generaría un ataque abierto por parte de las confesiones religiosas establecidas.

Tal como he apuntado, de sus escritos extraigo algunos pensamientos, al tiempo que indicaré las obras en las que aparecen. Comienzo por la crítica que realiza a los poderes políticos y religiosos como causantes del fanatismo y la intolerancia.

“La historia de los grandes acontecimientos de este mundo es poco más que la historia de sus crímenes. No hay siglo que la ambición de los seglares y de los eclesiásticos no la haya llenado de horrores” [Ensayo sobre las costumbres o Essai sur les moeurs (EM), vol. I, pág. 371].

“En todas las naciones la historia está desfigurada por la fábula hasta que la filosofía llegase para ilustrar a los hombres; y cuando la filosofía aparece por fin en medio de esas tinieblas, encuentra los espíritus tan cegados por siglos de errores que apenas puede desengañarlos; encuentra ceremonias, hechos, monumentos establecidos para constatar mentiras” [EM, vol. II, pág. 801].

“No solo la teocracia ha reinado durante mucho tiempo sino que ha empujado a la tiranía a los más horribles excesos que la demencia humana puede alcanzar; y cuanto más divino se proclamaba ese gobierno, más abominable resultaba. Casi todos los pueblos han sacrificado a sus hijos a sus dioses, ya que creían recibir esa orden desnaturalizada de la boca de los dioses que adoraban” [EM, vol. I, pág. 33].

“Bajamos los ojos y nos anulamos ante el prodigioso mérito de los que nos gobiernan: en cuanto nos acercamos a ellos quedamos asombrados de su mediocridad” [Le Sottisier (SOT), p. 43].

Las duras críticas que Voltaire lanzaba a los poderes políticos o al fanatismo nacido de las distintas religiones le llevó a ser encarcelado en La Bastilla en dos ocasiones, al igual que sufrir el destierro de su país. Así, entre 1726 y 1729, vivió su primer exilio en Londres, donde conoció al gran físico Isaac Newton y al filósofo de John Locke, a los que admiraba profundamente.

En 1756, vio la luz Ensayo sobre las costumbres. En esta obra se encuentra un capítulo dedicado a Miguel Servet, teólogo y científico español que fue enviado a la hoguera en 1553 por el Consejo de la ciudad de Ginebra y de las Iglesias Reformadas, en las que predominaban los calvinistas. Antes de esta obra, había publicado Mahoma o El Fanatismo, habiendo sido también objeto de polémica, por lo que su publicación fue prohibida.

“La superstición que hay que extirpar de la Tierra es que al convertir a Dios en un tirano invita a los hombres a ser tiranos” [Mélanges (MEL), página 1137].

“La caída del hombre degenerado es el fundamento de la teología de casi todas las naciones antiguas. La inclinación natural del hombre a quejarse del presente y a elogiar el pasado ha hecho imaginar en todas partes una especie de edad de oro a la que sucedieron siglos de hierro” [EM, vol. I, pág. 66].

“Si contásemos los crímenes que el fanatismo ha cometido desde las querellas de Atanasio y Arrio hasta nuestros días, veremos que esas querellas han servido mejor que los combates para despoblar la tierra, pues en estos no se destruye más que a los miembros de la especie masculina; pero en las masacres efectuadas por causa de la religión se inmola tanto a las mujeres como a los hombres” [EM, vol. II, pág. 662].

La fama alcanzada por Voltaire ha sido enorme, tanto que se le conoce como el personaje que acuñó el concepto de ‘libertad religiosa’ que hoy utilizamos como un derecho fundamental del ser humano. Por otro lado, su nombre va unido al de la libertad del individuo y al de la tolerancia entre las distintas creencias religiosas.

“Se ha pretendido en varios países que no le estaba permitido a un ciudadano salir de la nación en que el azar le había hecho nacer; el sentido de esta ley es claro: este país es tan malo y está tan mal gobernado que prohibimos a un individuo que salga por miedo a que se vayan todos” [Diccionario filosófico (DF), pág. 173].

“La única arma que existe contra ese monstruo es la razón. La única manera de impedir a los hombres ser absurdos y malvados es ilustrarles. Para hacer execrable el fanatismo no hay más que pintarlo. Solo los enemigos del género humano pueden decir: ‘Ilustráis demasiado a los hombres, insistís demasiado en escribir la historia de sus errores’. Sin embargo, ¿cómo pueden corregirse esos errores sino mostrándolos?” [EM, vol. II, pág. 931].

“Los hombres no son lo suficientemente sabios como para llegar a la tolerancia universal; no saben que hay que separar toda clase de religión de cualquier clase de gobierno (…). Llegará el día en que así sea, pero yo moriré con el dolor de no haber visto esos tiempos felices” [Carta a Elie Bertrand, 19 de mayo de 1765].

Cierro este escueto recorrido por el pensamiento de Voltaire con una frase que me parece fundamental: “Los países en los que hay libertad de conciencia se ven libres de un gran azote: no hay hipócritas” [SOT].

AURELIANO SÁINZ
  • 8.11.20
Ha transcurrido más de un año y aún suenan los ecos de la muerte de María José Carrasco. Fue el 3 de abril de 2019 cuando su marido, ante la petición constante de María José, le dio a beber pentotal sódico para finalizar una vida de treinta años marcados por el dolor generado por la esclerosis múltiple. Ambos sabían que la tan ansiada ley que regulara la eutanasia tardaría en llegar, por lo que decidieron acabar con este insoportable sufrimiento.


Sería un hito que siguió al famoso caso de Ramón Sampedro, cuya vida fue llevada al cine en la película Mar adentro, dirigida por Alejandro Amenábar. Exactamente, al igual que María José, soportó otros treinta años inmovilizado en una cama. Tras una interminable lucha por conseguir el derecho a una muerte digna, llevando su demanda jurídica hasta el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, y viendo que no llegaba a prosperar, en enero de 1998, en secreto y asistido por una mano amiga, decidió poner fin a esa vida que no deseaba.

Fueron casos que conmovieron a nuestro país y supusieron un profundo debate sobre el derecho a morir cuando ya la vida no ofrece más alternativa que el deterioro físico implacable y el sufrimiento. 

En nuestro país, el apoyo social a la aprobación de una ley que regule el derecho de las personas a morir evitando sufrimientos innecesarios es muy alto. La asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD) lo sitúa en el 87 por ciento de la población, ya que se considera que un enfermo incurable debe tener la posibilidad de solicitar que los médicos le proporcionen algún producto para poner fin a su vida sin dolor. Dentro de ese porcentaje, se encuentra el 59 por ciento que se considera católico. 

Dado que la propuesta de ley sobre la regulación de la eutanasia sigue adelante, después de que el 10 de septiembre en el Congreso se rechazaran las enmiendas a la totalidad presentadas por partidos de la oposición (Partido Popular y Vox), me ha parecido oportuno entrevistar a Gabriel Sánchez Bellón, profesor jubilado de Geografía e Historia, miembro de la asociación Derecho a Morir Dignamente, un veterano de muchas luchas sociales.

Con Gabriel quedé citado en una cafetería céntrica de Córdoba, bastante tranquila, para que pudiera darnos una visión sobre la situación en la que se encuentra el proyecto que regularía la eutanasia en nuestro país. Una vez finalizada la entrevista, regreso a casa con el fin de transcribir los aspectos esenciales de la charla, y que a continuación expongo.


—Antes de que nos expliques los aspectos sociales y legales sobre la eutanasia, me parece oportuno que nos cuentes las razones personales que te hicieron defender esta causa y te impulsaron a la incorporación en la asociación DMD como miembro activo.

—En mi caso, te puedo decir que la toma de conciencia del derecho a la eutanasia se debe a la experiencia que tengo relacionada con una persona muy cercana y conocer directamente los terribles efectos resultados de una enfermedad neurodegenerativa. Esta situación, lógicamente, te induce a reflexionar y a ser consciente de que, en última instancia, la vida nos pertenece a cada uno, por lo que debemos tener regulado el derecho a ponerle fin cuando consideremos que el sufrimiento ya no nos parece acorde con nuestro concepto de dignidad humana.

Con respecto a mi incorporación a DMD, te indicaría que se produjo a principios de este nuevo siglo. Posteriormente, en el año 2011, firmé mi testamento vital, hecho al que concedo gran importancia y que aconsejaría a la gente que lo realizara con tiempo. Posteriormente, hace unos cuatro años, pasé a ser miembro activo a raíz de la visita del doctor Luis Montes a Córdoba para dar una conferencia. A partir de ese acto, conocí a otras personas del grupo local de DMD, lo que me animó a involucrarme en las actividades de la asociación.

—Algo que me llama mucho la atención es que, incluso, en medio de la pandemia en la que vivimos, a la gente le cuesta hablar con cierta tranquilidad sobre la muerte, como si la finalización de la vida fuera cosa de los demás. Me gustaría saber, Gabriel, la opinión que tienes sobre este tema crucial del que habitualmente se evita hablar.

—Cierto que la gente no desea hablar de esta cuestión; sin embargo, cuando lo tratas con seriedad y respeto se suele prestar atención, por lo que se acaba reflexionando sobre el hecho de morir y sobre las condiciones a las que se llega en el final de la vida. Como ejemplo personal, te puedo indicar que ha sido muy positivo el trabajo que he realizado con estudiantes de institutos que, en teoría, estarían más alejados del tema y, sin embargo, acaban entendiendo en gran medida este problema.

Te puedo indicar, por otro lado, que considero importante el hecho de que haya muchas personas estén de acuerdo con la eutanasia y el suicidio asistido; no obstante, creo que es más relevante aún el que se realice el testamento vital, ya que se suele aplazar indefinidamente por distintas razones. El firmarlo te garantiza unas condiciones de seguridad que más adelante es posible que no puedas tener.

De todos modos, y relacionado con lo que estamos comentando, creo que algo decisivo ante la posible Ley de Eutanasia es haber vivido la experiencia de una muerte lenta y dolorosa de un familiar, puesto que te hace cambiar la perspectiva que habitualmente se tiene sobre la muerte. Y esto se ve acentuado cuando no hay suficientes unidades de Cuidados Paliativos.

Por cierto, no debe contraponerse cuidados paliativos con eutanasia. Los primeros alivian el dolor, aunque eso pueda adelantar la muerte, pero no hay voluntad de provocarla, y están ya reconocidos legalmente. En cambio, en la eutanasia sí hay voluntad de dar la muerte a una persona que la ha pedido libremente; o bien prescribir un fármaco que esa persona toma por sí sola para morir (suicidio asistido).

—Sobre este tema ya escribí hace algunos meses indicando que ya son varios los países que han legalizado la eutanasia, caso de Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Colombia, al tiempo que el suicidio médicamente asistido está reconocido en Suiza. Y esto se está extendiendo, con más o menos limitaciones: Alemania, Japón, Canadá y Estados Unidos (en los estados de Oregón, Colorado, Washington D. C., Montana, Vermont y California). Háblanos ahora un poco de la asociación Derecho a Morir Dignamente, así como de los principales objetivos que se marca.

—Nuestra asociación fue creada en 1984 por un grupo de personas que pretendían participar el debate público sobre el derecho de toda persona a disponer, libre y autónomamente, de todos los aspectos de su existencia, lo que incluye necesariamente su proceso final como es la muerte. Es una organización sin ánimo de lucro, que se financia por las cuotas de sus socios.

Para no extenderme en exceso, quiero indicar que los tres grandes objetivos que nos marcamos están relacionados con los siguientes derechos: 

a) El de cada persona a disponer con libertad de su cuerpo y de su vida, y a elegir de manera libre y legal el momento y los medios para ponerle fin. 

b) Otros como pueden ser la información clínica; el poder rechazar un tratamiento y que se respete esa decisión; el evitar situaciones inhumanas o degradantes, recurriendo a la sedación paliativa (morir durmiendo) si esa es su voluntad.

c) El de la despenalización de la eutanasia y el suicidio médicamente asistido para enfermos avanzados que libremente deseen liberarse de un sufrimiento que viven como intolerable.

—Para cerrar este encuentro, me gustaría que me indicaras si en vuestra asociación estáis de acuerdo con el proyecto que se ha presentado en el Parlamento o mostráis discrepancias con él.

—Nuestra asociación apoya este proyecto, que es un gran paso adelante, pero ha elaborado varias enmiendas que, a nuestro parecer, deberían modificarlo, pues es mejorable. Estas serían: 

a) El proyecto introduce la autorización previa a la prestación de la ayuda a morir, cuestión que no existe en los países que tienen leyes de eutanasia, caso de Bélgica o Países Bajos, ya que allí basta la decisión de dos médicos, que son los que envían el informe posterior a la Comisión de Control. 

b) Hay una excesiva burocracia en la ley española. 

c) Los requisitos médicos son bastante restrictivos (se exige la dependencia, la cercanía de la muerte, etc. ; y quedan fuera las demencias, por ejemplo).

No obstante, PSOE y Unidas Podemos ya han presentado enmiendas, como la que elimina la reforma del artículo 143.4 del Código Penal, que penalizaba fuertemente la ayuda al suicidio, como en el caso de Ángel Hernández.

Desde Andalucía Digital solo me queda dar las gracias a Gabriel Sánchez por haberse prestado a esta charla clarificadora, al igual que a la Asociación por el Derecho a Morir Dignamente por ese trabajo tenaz que lleva adelante para que, en el final de los días, las personas puedan decidir libremente por ellas mismas cuando el dolor se vuelve insoportable, viéndose protegidas por una ley, al igual que el personal médico que les asiste o los familiares que respetan su decisión.

AURELIANO SÁINZ
  • 1.11.20
Una de las cuestiones que siempre ha inquietado al ser humano es el constante e imparable transcurrir del tiempo, por lo que ha buscado los distintos modos de comprenderlo, de controlarlo o, si fuera preciso, de derrotarlo. Pero, en esta época de pandemia, cada vez sentimos con mayor intensidad que nos encontramos atrapados en un tiempo del que deseamos salir lo más pronto posible, recordando aquel en el que nos movíamos cotidianamente sin las amenazas ni las restricciones que ahora forman parte de nuestras vidas o con la esperanza de que entremos en una especie de normalidad con el coronavirus controlado.


El vocablo tiempo tiene muchos modos de interpretación, pero podemos entenderlo como los cambios y transformaciones que se producen en la realidad externa, o física, y en la mental, o psicológica, de cada uno de nosotros. Bien es cierto que para la externa nos guiamos por instrumentos que hemos creado como son los relojes; pero esto no deja de ser una convención humana, dado que la naturaleza no presenta unidades de medida.

Quizás el tiempo mental o psicológico, individual o colectivo, sea el que más incide en nuestras emociones, de ahí que para poder conciliarse con su transcurrir los humanos crearan deidades que les ayudaran a ejercer ese control que en la realidad física no pueden hacerlo.

Emocionalmente, solemos dividir el tiempo en tres modalidades: pasado, presente y porvenir o futuro. Si, por ejemplo, nos detenemos a pensar, cualquier instante en el que nos encontremos inmediatamente se convierte en pasado, de modo que para vivir en el presente tenemos que olvidarnos de él o imaginarlo como el periodo o duración comprendida en distintos momentos. Así, nos resulta posible hablar de la mañana, de la tarde, de la noche o del día para tener la sensación de estar en el presente.

Paradójicamente con nuestro modo de pensar y de sentir, el gran físico Albert Einstein nos dice que el tiempo no existe objetivamente dentro de la estructura de la materia y la energía que configuran el universo, por lo que sostiene que es una invención humana. Y habrá que creer a esta mente privilegiada de que el tiempo como tal no existe; pero las personas no podemos entender la realidad que nos envuelve sin aceptar un pasado, un presente y un futuro en el que creemos vivir.

Pero comenzamos a entender y a sentir el inapelable paso del tiempo cuando nos hacemos conscientes de que los seres vivos, y entre ellos nosotros, tienen un origen y un final, es decir, que nacen y les llega un momento en el que fallecerán. Este sentimiento de fugacidad temporal lo plasmó de modo magistral Salvador Dalí cuando pintó La persistencia de la memoria, imagen con la que he ilustrado este escrito, ya que ni siquiera los relojes sobreviven en ese despiadado viento que nos arrastra a todos.

Sobre esta cuestión el suizo Jean Piaget, padre de la psicología evolutiva, en sus estudios de la mente infantil llegó a la conclusión de que las preguntas sobre la muerte en los niños suelen aparecer a los 7 u 8 años. Hasta esos momentos se tiene el sentimiento de eternidad, o mejor dicho, de que no existe un final definitivo para las personas.


Tal como he apuntado, en ese deseo de dominar el tiempo, los humanos en las distintas culturas crearan dioses para saber que hay un ser superior que tiene su control y dominio. De ahí, por ejemplo, que en la antigua Grecia atribuyeran estos poderes al dios Cronos, y que trasladado al mundo latino fuera Saturno, dios también de la agricultura y las cosechas.

La representación de Cronos, o de Saturno, ha sido habitual en la pintura clásica. Una de ellas es la del pintor italiano Giovanni Romanelli (1610-1662), titulada Cronos y su hijo. Este lienzo adquiere su verdadero sentido a la mirada del adulto, puesto que, como sabemos, los pequeños hasta cierta edad carecen de sentido del tiempo, viviendo felizmente en el presente. Esta es una de las razones por las que siendo mayores, en ocasiones, se eche una mirada nostálgica hacia la infancia como tiempo feliz en el que se vivieron los años de la inocencia.

Así, Romanelli nos presenta a un dios envejecido y alado portando una guadaña, instrumento que se utilizaba en la recolecta de las cosechas. En su eterno vuelo, porta a su hijo, un bebé que cogido por una pierna se nos muestra aterrorizado ante la velocidad en la que se mueve el dios-padre. Contemplamos, pues, la infancia y la vejez, como los dos extremos de la vida humana y de los que no es posible desprenderse, puesto que ellos configuran la realidad de la existencia.

Aparte de las obras plásticas, podemos preguntarnos: ¿Qué nos dicen los distintos autores sobre la experiencia del tiempo, es decir, del pasado, del presente y del futuro?

En el campo de la literatura podemos acudir a obras cuyos títulos ya nos anticipan el valor que se le da al tiempo por parte de sus creadores. Así, la genial obra del autor francés Marcel Proust En busca del tiempo perdido no deja de ser una mirada atenta y nostálgica sobre el pasado que se fue. Otras como La caída en el tiempo, de Emil Cioran, filósofo francés de origen rumano es una manifestación abierta del pesimismo que él desarrolla a lo largo de sus obras.

Las ideas sobre el tiempo son tan variadas como el pensamiento y el carácter de quienes han escrito sobre este aspecto de la realidad que asumimos como una condición de la existencia. Es por lo que me parece adecuado realizar una selección de breves frases que nos muestran distintas miradas sobre el tiempo y la condición humana.

Sobre el pasado, esa época que se nos ha ido de las manos, y que la recordamos con nostalgia o con pesadumbre, podrían ser:
  • “No querer saber lo que ha ocurrido antes de nosotros es como seguir siendo niños” (Cicerón). 
  • “El pasado siempre está presente” (Maurice Maeterlinck).
  • “Cuando decimos que todo pasado fue mejor, condenamos el presente” (Francisco de Quevedo). 
  • “Nadie puede cambiar su pasado, pero todo el mundo puede contarlo al revés” (Noel Clarasó).
Optimismo y pesimismo se mezclan cuando miramos hacia el pasado, pues, ciertamente, la vida es una mezcla de gratos y tristes recuerdos. Es lo que encontramos también en la descripción del presente:
  • “Imagina que cada día es el último que brilla para ti, y aceptarás agradecido el día que no esperabas vivir ya” (Horacio). 
  • “El futuro nos tortura y el pasado nos encadena. He aquí por qué se nos escapa el presente” (Gustave Flaubert). 
  • “No perdáis el tiempo ni en llorar el pasado ni en llorar el porvenir. Vivid vuestras horas, vuestros minutos. Las alegrías son como las flores que la lluvia mancha y el viento deshoja” (Remy de Gourmont). 
  • “Se me encoje el corazón al pensar cómo todo pasa sin apenas dejar huella” (Giacomo Leopardi).
El futuro o el porvenir quizás sea el tiempo no conocido que, por un lado, nos inquieta, pero, por otro, en él proyectamos nuestros sueños y nuestras esperanzas:
  • “Solo las figuras cargadas de pasado están ricas de porvenir” (Alfonso Reyes). 
  • “Me gustan más los ensueños del futuro que las historias del pasado” (Thomas Jefferson). 
  • “Me gusta el futuro porque en él voy a pasar el resto de mi vida” (Charles F. Kettering). 
  • “Cada día morimos y cada mañana volvemos a nacer: cada día es una vida” (Edward Young). 
  • “El futuro está oculto detrás de los hombres que lo hacen” (Anatole France).
Aparte de la descripción del pasado, el presente y el porvenir, también podríamos hablar del tiempo como ritmo de la vida que llevamos ahora y el que se desarrollaba en épocas pasadas. En la actualidad, la aceleración, la urgencia, la novedad y el ritmo demencial están presentes en una forma de existencia que nos deshumaniza. Así, la obsesión continua por la novedad, sin la forma pausada que nace de la tradición, nos ha llevado a un terreno en el que el impacto de las nuevas tecnologías y el afán de consumo nos envuelven sin dejarnos tiempo para la reflexión… Pero esto sería otro tema sobre el que hablar.

AURELIANO SÁINZ
  • 25.10.20
A lo largo del tiempo he ido comentando diferentes discos a partir del diseño de sus portadas, siendo en su mayoría álbumes foráneos. No es que yo no quisiera hacerlo con los españoles: la razón de esta ausencia se debía a que resultaba difícil encontrar publicaciones (libros, revistas, páginas digitales…) que hablaran de los creadores de nuestro país. Sin embargo, y a través de una constante búsqueda, por fin, he localizado obras que analizan de modo específico las carátulas de discos editados en España haciendo referencia a quienes las han realizado.


De este modo, esta entrega será la primera dedicada íntegramente a nuestro país. Así pues, presentaré nueve discos que demuestran que merece la pena saber quiénes realizaron esas portadas que ayudan bastante a dar identidad al propio disco.

Y comenzaré por uno de los grandes diseñadores: Javier Aramburu, dado que es el creador de la imagen, del logotipo y de numerosos carteles para Contempopránea, el festival de música indie que anualmente se celebra en Alburquerque (Badajoz), mi lugar de origen. Por otro lado, Javier Aramburu realizó bastantes portadas del grupo granadino Los Planetas, lo que es indicio de la gran calidad de este artista gráfico.

Para dar mayor protagonismo a las portadas, en esta ocasión seré muy breve en los comentarios, por lo que me centraré en explicar los distintos estilos de las propuestas visuales que se dan en esas nueve carátulas.


Tal como he indicado, comienzo por el primero de los discos de Los Planetas, el que lleva por título Super 8, diseñado por Javier Aramburu y que vio la luz en 1994.

Me ahorro hablar de Los Planetas porque su trayectoria es tan amplia que serían unos brochazos lo que podría decir de ellos. Sin embargo, sí me parece interesante comprobar que el donostiarra Javier Aramburu comenzó su andadura gráfica con unas imágenes que se identifican claramente con Contemporánea. Y, puesto que su obra es de gran interés, no me extiendo ya que más adelante podré dedicar un artículo a su figura y a su trabajo.


Damos un gran salto hacia atrás para situarnos en 1982. En ese año salió al mercado el primer disco de Mecano, el grupo formado por Ana Torroja y los hermanos Nacho y José María Cano. El impacto del grupo fue enorme, pues en solo tres meses logró vender 300.000 discos, una cifra importante para aquel tiempo. Y es que allí se encontraban temas como Perdido en la habitación, Me colé en una fiesta o Maquillaje, canciones que alcanzaron una gran popularidad.

Por otro lado, la portada fue magnífica, ya que diseñada por Carlos Martín Llorente con la supervisión de Juan Gatti, nos presenta de modo frontal un reloj de agujas de formato cuadrado, coincidiendo con los márgenes de la carátula. Todo un acierto visual.


Antes de la aparición de Mecano, a pocos años de la andadura de la nueva democracia en nuestro país, hubo un grupo llamado Triana que lideró lo que se llamó rock andaluz. Formado por Jesús de la Rosa, Eduardo Rodríguez y Juan José Palacios, se dieron a conocer en 1974 con El patio. No obstante, su gran éxito llegó en 1979 con Sombra y luz, que alcanzó la nada desdeñable cifra de 100.000 discos vendidos.

El diseño de las portadas del grupo se debía a Máximo Moreno. En la de Sombra y luz, comprobamos que las letras mayúsculas de Triana aparecen como si fueran velas verdes, de modo que la correspondiente a la I se muestra encendida, quemando parte de la tela que hace de fondo.


En el año 1983, el mismo en el que sale el tercer disco de Triana, ve la luz el grupo cordobés Medina Azahara, dirigido por el incombustible Manuel Martínez, con su álbum Paseando por la Mezquita. También en ese año, tristemente, Triana cierra como grupo por la muerte en accidente de tráfico de Jesús de la Rosa. La banda cordobesa tuvo mejor suerte, ya que logró ver publicado en 2018 su vigésimo álbum, Trece rosas. Todo un récord de trabajo con cuarenta años pisando los escenarios.

La portada de Paseando por la Mezquita se debe a Antonio Monforte, otro de los diseñadores gráficos que desarrollará sus creaciones al establecer contacto con las bandas del sur de nuestro país. En este caso, la imagen adopta ciertos aires orientalistas para presentar una visión idealizada de los arcos de herradura de este bello templo musulmán.


No me resisto a traer otras de las portadas que realizó Antonio Monforte. Esta vez se trata de la que creó para la banda formada por los hermanos Rafael y Raimundo Amador junto a Kiko Veneno. Inicialmente, el disco pasó un tanto desapercibido, dado que la mezcla de flamenco y rock resultaba demasiado innovadora para aquellos años.

Lo cierto es que la portada que inicialmente Antonio Monforte había pensado para Veneno no la llevó a cabo y hubo que cambiarla por los problemas que podía generar, dado que se trataba de imprimir la palabra VENENO sobre una tableta de hachís con fondo de papel de aluminio. Para evitar las polémicas, las letras del nuevo grupo aparecen impresas sobre un fondo ocre rugoso para que no pudiera descubrirse su origen.


Otro de los incombustibles del rock español es Kiko Veneno (José María López Sanfeliu) cuyo segundo apellido nos hace ver su origen catalán, ya que nació en 1952 en la localidad gerundense de Figueras (la misma que de Salvador Dalí). Con los hermanos Amador había grabado tres discos; sin embargo, en el año 1981 inicia su camino en solitario publicando Seré mecánico por ti. La publicación en el 2019 de su último álbum, Sombrero roto, nos da idea de su enorme vitalidad personal y creativa.

El autor de la portada, Ceesepe (Carlos Sánchez Pérez), fue un pintor e ilustrador bastante prolífico, que acudió a la estética del cómic para crear el primer disco de Kiko Veneno.


Pasamos al campo más rockero, estilo en el que durante la década de los ochenta conoceríamos a Leño, Burning, Barón Rojo, Asfalto, Siniestro Total y un largo etcétera.

Y si me decanto por el tercer elepé de Leño, Corre, corre, se debe a la magnífica portada que realizaría Manuel Cuevas a partir de una fotografía en plano detalle, mostrando de modo destacado la hebilla del cinturón en el que aparece el logotipo del grupo.

No fue muy larga la vida de la banda; de todos modos, pudimos conocer el talento de Rosendo (Mercado) como líder, quien posteriormente se lanza a trabajar en solitario, abriéndose un largo camino que llega hasta nuestros días.


Siguiendo la línea de diseño de dibujo de cómic que hemos visto en la portada del trabajo de Kiko Veneno, en el año 1986 aparece Al calor del amor en un bar de Gabinete Caligari. El diseño es de un dibujante que se firmaba como El Hortelano y en la escena dibujada aparecen sus tres componentes: Jaime Urrutia, Fernando Presas y Eduardo Calvo.

Grupo emblemático de los años de ‘la Movida’, nos dejó temas inolvidables como el mismo que lleva el título del disco seleccionado o Cuatro rosas y también La culpa fue del cha-cha-cha.


Para cerrar, damos un salto hacia adelante para situarnos en la escena indie para mostrar el disco Aproximaciones del grupo madrileño Pereza, formado por José Miguel Conejo (Leiva) y Rubén Pozo. Su existencia no fue muy larga ya que duró una década, la que va de 2001 a 2011, pero con tiempo suficiente para dejar grabados seis discos.

En Aproximaciones, que vio la luz en 2007, encontramos en la fotografía de la portada que realizó Rubén Martín a los dos miembros sentados en lo que parece ser la parada de una estación de metro por las tonalidades oscuras, en las que predominan el amarillo, el verde y el rojo, de modo que este último tono es utilizado para el nombre del grupo como si sus letras fueran barras fluorescentes.

AURELIANO SÁINZ

DEPORTES - SANTAELLA DIGITAL

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