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BODEGAS NAVARRO - VINOS DESDE 1830 EN MONTILLA-MORILES

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  • 21.5.23
De entrada, debo apuntar que no tenía muy claro si utilizar este título, dado que el mundo de las redes sociales está cargado de términos fuertemente peyorativos, rayanos en el abierto insulto; sin embargo, si se lee el artículo hasta el final, se entenderá por qué lo he puesto. Todo ello tiene que ver con el artículo de la semana pasada, La cultura de la envidia, en el que manifesté que yo creía que la presidenta de la Comunidad de Madrid improvisaba en sus insólitas declaraciones, aunque ahora pienso que no es así.


En un diálogo con un amigo, he llegado a entender que tanto su declaración de que la envidia es la que promueve la nefasta idea de igualdad, como que la justicia social es un invento de las izquierdas, provienen de Gonzalo Fernández de la Mora, quien fuera ministro de Obras Públicas en la dictadura franquista, entre los años 1970 y 1974. Esas dos ideas están desarrolladas en el libro La envidia igualitaria, que Fernández de la Mora publicó en 1984, es decir, cuando comenzaba a construirse la democracia en la que ahora estamos.

Puesto que me gusta hablar de primera mano, acudí a la biblioteca de la Facultad de Filosofía para sacarlo y leerlo con atención. Pero antes de extraer algunos párrafos que nos puedan servir para comprender de dónde nacen las opiniones de Isabel Díaz Ayuso, quisiera hacer algunas reflexiones sobre el concepto de igualdad.

Tendríamos que remontarnos a algo más de un par de siglos atrás para recordar que el lema “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, nacido en la Ilustración del siglo XVIII, y extendido en la Revolución francesa de 1789, acabó convirtiéndose en tres valores básicos de las democracias liberales, y en oposición a las diferentes formas de dictaduras y despotismos.

Si damos un salto adelante, otra fecha que tiene un gran significado es 1948, puesto que en diciembre de ese año la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que es el gran documento que reconoce la igualdad de todas las personas. Recordemos lo que dice su primer artículo: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportase fraternalmente los unos con los otros”.

Vemos, pues, que vuelven a citarse los tres grandes pilares que ya fueran anunciados por la Ilustración francesa: libertad, igualdad y fraternidad. Tanto ha calado en nuestra sociedad la idea de igualdad de derechos que me ha parecido oportuno servirme para la portada de un dibujo que realizó una chica de primer curso de Secundaría cuando en la clase se les propuso que, de forma libre, representaran la idea de igualdad. Ella acudió a un dibujo ironizando sobre la supuesta igualdad que se produce actualmente entre los sexos masculino y femenino.


Y ahora pasemos al libro La envidia igualitaria, del que he mostrado la portada de la primera edición en español y la de su edición inglesa, en la que aparece el subtítulo The Political Foundations of Social Justice (Los fundamentos políticos de la justicia social).

Básicamente, el autor pretende explicar su idea de la envidia a lo largo del pensamiento filosófico, de modo que realiza, de manera un tanto rápida, un recorrido partiendo de los clásicos griegos hasta llegar a algunos pensadores de la primera mitad del siglo XX. Posteriormente, plantea distintos modelos de envidia, siempre como sustento de sus ideas contrarias a la igualdad, y en defensa de la superioridad de unos sobre otros. Extraigo, pues, algunos párrafos, indicando las páginas en las que se encuentran:

El cultivo del sentimiento de inferioridad envidiosa es la táctica de la política dominante, por lo menos en la edad contemporánea (…). Un enmascaramiento muy actual de la envidia colectiva es la llamada justicia social” (pág. 128).

Así es como la envidia ha llegado a ser el factor decisivo de las confrontaciones políticas contemporáneas con raras excepciones, como la de Estados Unidos de América, donde ha prevalecido la emulación sobre la envidia” (pág. 129).

En el artículo de la semana pasada indiqué que dentro de la psicología social no aparece nunca la idea de ‘envidia colectiva’, puesto que es una pasión oculta de cada individuo que la padece. Como se aprecia, a Fernández de la Mora no le sirven para nada los ejemplos de las democracias más desarrolladas del centro y del norte europeo, en las que la justicia social resulta ser uno de los pilares. Su ideal, cómo no, es la patria de Donald Trump, aunque este sujeto llegaría años más tarde.

Las desigualdades de prestigio son absolutamente inevitables porque proceden de la incoercible facultad estimativa del hombre” (pág. 190).

El prestigio y el hombre… He de indicar que a lo largo de todo el libro no aparece ¡ni una sola vez! la palabra "mujer", por lo que se deduce que para el autor las mujeres no tienen ninguna importancia; solo la tiene el hombre, que es el que puede alcanzar la autoridad, la reputación y la celebridad.

Fernández de la Mora, además, tergiversa derechos humanos tan relevantes como el que anteriormente cité, ya que en La envidia igualitaria nos dice lo siguiente: “El postulado [se refiere al de Igualdad, Libertad, Fraternidad] ha sido repetido en los más variados lenguajes constitucionales y ha pasado a la Declaración Universal de 1948: “Todos son iguales ante la ley” (pág. 194).

Curiosamente, no dice "Declaración Universal de los Derechos Humanos". Por otro lado, simplifica y distorsiona descaradamente el primer artículo, sin aludir a que fue firmado por los países que conforman las Naciones Unidas.

Puesto que no quiero extenderme en un artículo en el que la concisión debe ser norma, acudo a un párrafo que aparece al final su libro como síntesis de su pensamiento:

La Naturaleza, que es jerárquica, engendra a todos los hombres desiguales (…). Hay recién nacidos prematuros y retrasados, sanos y enfermos, voraces y desganados, silenciosos y gritadores (…). Todos nacen desiguales y, tan pronto como en la escuela de párvulos se efectúan las primeras evaluaciones, resulta que unos son fuertes y otros débiles, unos tenaces y otros abúlicos, unos geniales y otros subnormales” (pág. 233).

¿Subnormales? ¿Quiénes son los niños subnormales? ¿No le da vergüenza a Fernández de la Mora (y a la discípula que sigue sus postulados) tratar de este modo a criaturas que, me imagino, son las que presentan discapacidades cognitivas o déficits por lo que hay que ayudarlas para que puedan avanzar con el fin de que en el futuro puedan integrarse plenamente en una sociedad en la que no es la envidia, sino las injusticias y las desigualdades las que condenan a muchos de ellos a vivir en los márgenes?

AURELIANO SÁINZ
  • 14.5.23
Como todos bien sabemos, nos encontramos en época de elecciones municipales y autonómicas, por lo que muchas de las declaraciones que realizan los candidatos son verdaderamente sorprendentes. Y es que tienen que acusar al adversario no solo de cuestiones con las que están en desacuerdo, sino también de inventar frases o eslóganes que sean lo más originales posible para impactar al auditorio, puesto que esas frases serán ampliadas por los medios de comunicación, con lo que llegará no solo a los potenciales votantes sino a cualquier rincón del país (y mucho más allá).


Entre estos candidatos, la actual presidenta de la Comunidad de Madrid tiene un lugar privilegiado, ya que posee la virtud de improvisar (o a mí me lo parece) y soltar frases con las que te quedas alucinado. Para no alargarme mucho, recordaré que en una de sus recientes intervenciones dijo que la ‘justicia social’ es un invento de la izquierda que solo promueve “la cultura de la envidia”.

Jamás había escuchado nada semejante. Más aún, teniendo en cuenta que, siguiendo a Castilla del Pino, autor que había estudiado y publicado mucho sobre los sentimientos humanos, en una de sus obras diseccionaba lo que era la envidia, y cómo esta pasión habitaba en determinados individuos que intentaban por todos los medios ocultarla, dado que, al ser un sentimiento negativo injustificado moralmente, se avergonzarían de que pudiera conocerse.

Pero en ningún momento este gran psiquiatra aludía a que fuera una pasión que pudiera convertirse en un hecho colectivo. Claro que Díaz Ayuso, imagino, se refería a la envidia que sienten los pobres por los ricos, dado que los primeros, incapaces de salir de su estado de pobreza, acaban padeciendo este mal fomentado y extendido por sus adversarios políticos de izquierda.

Y ahora, como hay que ilustrar con una imagen este artículo, he mirado dentro del archivo que tengo para localizar una que me sirviera para este tema. Se trata de un magnífico dibujo de una niña de 12 años en el que nos presenta el contraste entre una joven que espera en la puerta de una mansión, controlada por videovigilancia, y otra que, sentada muy cerca, con ojos llorosos y un gato, se ve envuelta en las hojas otoñales que el viento hace caer de los árboles.

Pero la autora de esta escena no plasma el sentido de envidia de la segunda sobre la primera, sino que su intención es mostrar el contraste que se da entre dos formas de vida a las que las protagonistas han llegado por nacimiento; no porque la chica que porta el bolso sea más inteligente y trabajadora, y la otra más torpe y holgazana.


Sin embargo, en este otro dibujo que acabamos de ver se expresan mejor las actuaciones que están cercanas a la envidia, algo muy extendido en el campo del espectáculo, del deporte, de las artes, de la política y de la vida en general, de modo que quienes triunfan hacen ostentación y se vanaglorian de ello; mientras que en los que se sienten derrotados se acumulan la frustración, el rencor y la envidia.

No quisiera extenderme mucho sobre este tema, puesto que ya he publicado algunos artículos [Pasiones humanas: la envidia, La envidia... ese pecado capital y El mal de la envidia], por lo que no me parece bien reiterarme.

Sin embargo, no quiero cerrar estar líneas sin extraer algunos párrafos que aparecen en Teoría de los sentimientos que, en el año 2000, publicó Castilla del Pino, dado que de esta forma se aclaran ideas básicas sobre esta pasión oculta. Me permito numerarlos para su mejor lectura:

1. “La envidia es una actitud que da lugar a actuaciones envidiosas (…). Es una interacción en la que los actores del drama, los dramatis personae, son, claro está, el envidioso y el envidiado”.

2. “El envidioso está en posición inferior respecto al envidiado, pero tal inferioridad, si se reconoce por él –cosa que está lejos de ocurrir siempre–, es rechazada mediante argumentos falaces o racionalizaciones”.

3. “La dirección en que camina la relación asimétrica en la envidia es, si me es posible expresarme así, de abajo arriba. No se envidia a quien se considera inferior”.

4. “Lo que se envidia de alguien es la imagen que ofrece de sí mismo merced a la posesión del bien que ha obtenido o de que ha sido dotado. Y por eso, aun si el envidiado ha dejado de existir, su imagen, sin embargo, persiste, y, por tanto, no se le ha de dejar en paz, porque sigue estando vigente en el envidioso”.

5. “Una de las peculiaridades de la actuación envidiosa es que necesariamente se disfraza o se oculta, y no solo ante terceros, sino también ante sí mismo. La forma de ocultación más usual es la negación: se niega ante los demás y ante uno mismo sentir envidia”.

6. “Pero la envidia, pese a todos los esfuerzos acaba por emerger, sale a la superficie, porque la envidia es una pasión, y, como tal, controlable hasta cierto punto”.

Quizás, la última idea expresada no sea tan cierta como este eminente psiquiatra considera, dado que hay casos en los que esta pasión no es reconocida por quienes la padecen, de modo que queda tan oculta, tan escondida, que solo emerge en situaciones excepcionales.

Cierro, pues, apuntándole a la presidenta de la Comunidad de Madrid que eso de la “cultura de la envidia” no deja de ser un invento, una idea un tanto descabellada, quizás nacida de la mente de su asesor, ya que para penetrar en lo más recóndito de las personas hay que tener grandes conocimientos de Psicología y no creo que esta sea precisamente su especialidad.

AURELIANO SÁINZ
  • 7.5.23
Cuando asistí a las jornadas los días 10 y el 11 de marzo en el salón de actos de la Universidad de Córdoba, como celebración del centenario del nacimiento del psiquiatra Carlos Castilla del Pino, en un momento determinado me vino a la memoria la imagen de Antonio López Hidalgo, el amigo al que ahora, merecidamente, se está recordando en Montilla, su ciudad natal.


Las razones de que acudiera a mi mente se debían, en primer lugar, al paralelismo que se daba entre ellos, ahora ausentes, puesto que los dos brillaron en sus profesiones: el uno como psiquiatra y el otro como periodista y como docente en la Facultad de Comunicación de Sevilla. También porque ambos fueron vigorosos escritores, de modo que no solo publicaron numerosas obras en sus respectivas disciplinas, sino que también penetraron en los senderos de la ficción.

Castilla del Pino, en el ámbito literario y dentro de la ficción, publicó un par de obras: Discurso de Onofre y Una alacena tapiada. También abordó las memorias con Pretérito imperfecto y La casa del olivo, un verdadero monumento a la literatura memorialista. No puedo dejar de lado su obra póstuma, Aflorismos, conjunto de pensamientos y reflexiones sobre la condición humana que no me canso nunca de leer.

Otro de los motivos por el que Antonio acudió a mi mente, en aquellos momentos en los que se hablaba de una persona a la que conocí y admiré, se debía a los postulados defendidos por quien fuera uno de los grandes psiquiatras de nuestro país. Castilla del Pino sostenía que los seres humanos actuamos en tres espacios diferenciados: el público, el privado y el íntimo.

Conviene apuntar que es en el espacio íntimo donde se forjan y conjugan las ideas y emociones que cada cual portamos en nuestra existencia, por lo que nunca se nos puede llegar a conocer del todo. Serán, por tanto, las actuaciones públicas y algunas privadas las que queden como legados para los demás, ya que resulta imposible conocer el espacio íntimo, la intimidad ajena, sea en vida o una vez que esta se acabe.

¿Y por qué traigo ahora a colación este principio de la psicología en esta corta exposición sobre Antonio López Hidalgo? Posiblemente se deba a la frase que, en medio de una de las charlas que mantuvimos, en la que se encontraba nuestro común amigo Juan Pablo Bellido, la que me hizo pensar en una de sus líneas literarias. Se trata de los relatos de ficción en los que aparece la mujer como coprotagonista de los mismos, inicialmente publicados en Montilla Digital y, posteriormente, recuperados para la red de diarios que configuran en la actualidad Andalucía Digital.

En aquel encuentro le escuché: “Yo lo que deseo es que me quieran, aunque sea a tiempo parcial”. Me mantuve pensativo en aquel instante, dado que hay que conocer bien el personal sentido del humor de Antonio para comprender el significado de esta frase. Una frase que se me quedó grabada en la mente en medio de aquel coloquio de más de tres horas y que, de modo aleatorio, la enlacé con esos relatos de amores fugaces que, de vez en cuando, veíamos asomar en las páginas digitales.

Sobre lo que voy a exponer, no me queda más remedio que indicar que esto es una interpretación muy personal, pues, tal como nos indicaba Castilla del Pino, es imposible penetrar en el espacio de la intimidad de los otros.

Así pues, he vuelto a leer sus breves relatos sobre los encuentros que protagonizan un hombre y una mujer, mayoritariamente sin nombres, dentro del mundo imaginario de su autor. He mirado con detenimiento esas historias de amores, básicamente fugaces, que planean en las vidas de esas ficticias figuras.

De estas lecturas no me queda más remedio que dar algunas pinceladas, extrayendo algunos párrafos que Antonio escribió y citando los títulos de esos relatos, por si alguien siente curiosidad en ellos.

De este modo, en Mujeres de mi vida, leemos en sus inicios: “Fueron llegando a mi vida sin orden y con concierto. Cada una traía su propia música y al marcharse dejaban el estribillo de su canción grabado para siempre en mi memoria”.

Cierra el autor del siguiente modo: “Estas mujeres son bellas como los sueños que buscas y se volatilizan cuando nace el día, pero solo tú sabes que algunos sueños se pueden atrapar con las manos y degustar con el paladar y recordar para olvidar a aquellas otras mujeres advenedizas que un día se metieron en tu vida por cualquier razón que desconoces y que ahora ríen y aman con tristeza”.

También la duda sobre la felicidad que acompaña a los amores inciertos se manifiesta en algunos de sus relatos. Así, en Una sola noche es suficiente podemos leer:

“No le quedó otro consuelo que pensar que todo había sido un sueño. Lo quiso pensar tantas veces que la imaginación no alcanzó a más escaramuzas cuando el tiempo, contundente como una piedra, le dio a entender que no se puede abrir una roca con la sola sospecha de esa posibilidad. A partir de entonces, aceptó los demás días como una prolongación inexplicable de la desdicha y con el convencimiento tardío de que la felicidad es tan embriagadora como aquella droga cuyo dopaje necesitamos para cruzar sin tropiezos la vida que queda por vivir”.

Bien es cierto que el amor, los grandes amores imposibles dejan huellas, cicatrices, en el alma y en el cuerpo que perduran y resisten el paso del tiempo:

“No quiso entrar en detalles que le hicieron esbozar una sonrisa cómplice ni tampoco buscó las causas que motivaron un litigio de tan alto nivel, ni tampoco buscó en la memoria rincones concretos de un cuerpo que ya nunca lograría olvidar. En su partida, a saber a qué hora, no dejó nombre, dirección o número de teléfono”.

El paso del tiempo, las paradojas y contradicciones, los altibajos que entre un hombre y una mujer necesariamente aparecen. En algunos casos, esas relaciones se transforman en recuerdos en los que se esconden respuestas que solo se entienden transcurrido un largo tiempo. Es lo que se cierra en Tantos años después, cuando la voz del narrador nos dice:

“Y ése fue su mayor error: ignorar que ningún día se parece a otro, y que una mirada nada más te puede cambiar la vida de un solo golpe. Y lo peor de todo: no llegar a entenderlo sino tantos años después”.

Cierro esta breve exposición sobre la faceta literaria de Antonio López Hidalgo manifestando que, quizás, fuera en estos relatos donde plasmaba con mayor intensidad su carga poética, conjugando la sensualidad, la tristeza y la imposibilidad de penetrar en el otro como fuente de amores que acaban flotando en los sueños de la añoranza.

AURELIANO SÁINZ
  • 30.4.23
Hay fechas del calendario que quedan para siempre registradas en la memoria colectiva a partir de un hecho relevante en la historia. Es el caso del 25 de Abril de 1974, que para quienes éramos jóvenes por aquellas fechas supuso una enorme alegría comprobar cómo el pueblo portugués, de manera pacífica, había derribado una dictadura que duraba desde 1925, es decir, casi medio siglo.


La consigna estaba dada. Sería a las 0:25 horas de ese día cuando en Rádio Renascença comenzó a sonar la canción Grȃndola, Vila Morena del cantautor José Afonso. Esta era la contraseña para que los militares que formaban el Movimento das Forças Armadas (MFA), organización militar clandestina opuesta al Gobierno que presidía Marcelo Caetano, se alzaran contra el régimen dictatorial.

Las notas de una canción prohibida fueron la señal para que las acciones coordinadas por el mayor Otelo Saraiva de Carvalho ocuparan los puestos ya prefijados. Lo cierto es que quienes llevaron adelante este golpe militar fueron capitanes muy jóvenes de edades comprendidas entre 24 y 30 años.

Sorprendentemente, el pueblo portugués, una vez difundida la noticia por los medios de comunicación, en vez de encerrarse en las casas, como suele suceder en los levantamientos militares, salió a la calle a apoyar a los soldados que querían acabar con el colonialismo y crear una democracia que transformara en profundidad a una sociedad harta de ver desangrar a sus hijos en las colonias (Angola, Mozambique, Cabo Verde, Timor…) que el régimen aún mantenía.

Lo cierto es que sin apenas derramamiento de sangre (solo hubo algunos por la temida PIDE, policía política del régimen), en los inicios del día siguiente, la radio y la televisión presentaron a los miembros de la Junta de Salvación Nacional que se encargaría de preparar elecciones democráticas.

Han transcurrido 49 años de aquella gesta que cambió el rumbo de Portugal. Por entonces, en España mirábamos con envidia a este pueblo hermano que supo pacíficamente acabar con una dictadura. En nuestro caso, tuvimos que esperar a que el dictador falleciera al año siguiente, el 20 de noviembre de 1975, en la cama tras una larga agonía.


Tal como he indicado, para algunos la Revolución de los Claveles (Revoluçao dos Cravos, en portugués) fue una gesta inolvidable. Esta es la razón por la que en el Colectivo Cultural Tres Castillos, que edita la revista Azagala, planificamos una marcha desde Extremadura (Alburquerque, Badajoz, La Roca de la Sierra) para tener un encuentro en Lisboa con coroneles que, siendo por entonces capitanes muy jóvenes, protagonizaron ese levantamiento.

La cita con los tres coroneles, ya jubilados, miembros de la Asociación Salgueiro Maia (nombre de uno de los jóvenes capitanes que se ubicó con los soldados en Lisboa cerca de los edificios de los ministerios) se produjo en Almada, en lo alto del cerro desde el que se domina la capital portuguesa.

Quienes no conozcan el ejército portugués se sorprenderían de que tres hombres, que han superado los setenta años, campechanos, con la imagen de lo más normal del mundo, puesto que su extracción popular nunca la olvidaron, nos recibieran con gran afecto, sabiendo que nos desplazábamos desde España para escuchar el relato de la hazaña que escribieron para la historia.


Así, en la fotografía que acabamos de ver, los tres coroneles se encuentran en el lado izquierdo. Tomaría la palabra el coronel Andrade da Silva, vestido con boina y chubasquero rojos, quien de modo apasionado nos relató la revolución que transformaría Portugal, centrando sus explicaciones en lo acontecido en Lisboa, al tiempo que nos señalaba los sitios de cada suceso.

A pesar de que a los extremeños la lengua portuguesa nos resulta un tanto familiar, nuestro compañero Moisés Cayetano, magnífico historiador que aparece con camisa verde, nos traducía los aspectos esenciales de la exposición del coronel.

Para mí, la sorpresa llegó cuando me puso la insignia de la Asociación, al tiempo que me daba un abrazo fraternal. Quizás, alguien le indicó que yo fui el presidente fundador del Colectivo Cultural Tres Castillos, pues yo no había dicho nada.

Acabado este encuentro, nos dispusimos a comer en los numerosos restaurantes que bordeaban la desembocadura del río Tajo. La tarde estuvo destinada a conocer los espacios que rodean la Plaza del Comercio, punto neurálgico de la ciudad. Aunque la mayoría de los asistentes ya había estado en Lisboa, lo cierto es que siempre hay cosas que conocer en esta bella ciudad que mira con nostalgia hacia el Atlántico.


Por mi parte, no quería regresar sin visitar de nuevo la escultura de bronce de Fernando Pessoa, que se encuentra en el barrio de Chiado, junto a la cafetería Brasileira, que era su lugar favorito para escribir, dado que recientemente yo había vuelto a leer el Libro del desasosiego en una excelente traducción y edición de Ángel Crespo.

Allí, sentado a su lado, imaginé la pregunta que le podía hacer a este brillante escritor de por qué no se le concedió el Premio Nobel de Literatura. Posiblemente, su respuesta hubiera sido que él no estaba pendiente de los premios, que su escritura no la condicionaban los aplausos a los que tan aficionados son otros escribientes.

Finalmente, un tanto agotados por las caminatas que tuvimos que hacer, regresamos ya de noche a nuestras respectivas localidades de Extremadura, con el sentimiento de haber retornado a años atrás en los que nos sentíamos cargados de enormes ilusiones y sueños que el paso del tiempo ha ido aquilatando, pero que, no por ello, puede ser motivo de alejamiento de aquellos ideales que llenaron nuestra juventud.

AURELIANO SÁINZ
  • 23.4.23
Ya se están apagando los ecos mediáticos del caso que hace unas semanas nos trajo la revista Hola en portada con la imagen de Ana García Obregón sosteniendo en sus brazos a la niña engendrada en el vientre de otra mujer hispana de Estados Unidos. El caso se ha comentado hasta la saciedad desde distintas posturas y perspectivas, por lo que parece que ya se ha dicho todo y que no ha quedado ningún resquicio sin debatir.


Se ha hablado de embarazos subrogados, por parte de quienes consideran éticamente admisible que una mujer puede ofrecerse para llevar adelante la gestación, bajo pago de una cantidad, y con agencia contratante de por medio, de una criatura que posteriormente entregará a la ‘madre’, para que esta satisfaga el deseo de maternidad.

Ya sabemos que hay países en los que esto está penado; pero no en el nuestro, en el que existía la brecha legal de que podía llevarse a cabo en alguno de esos países y registrar en el Consulado español al niño o niña que venía a este mundo y, de este modo, obtener la nacionalidad española.

También se han expuesto las razones de que quienes se oponen a los vientres de alquiler, dado que se utiliza el cuerpo de la mujer gestante como si fuera una especie de incubadora que se contrata por un alto precio, lo que implicaría una degradación humana, especialmente de quien se ofrece a esta humillante actuación. Aunque, otra revista, Lecturas, que contrató la exclusiva con la mujer gestante, nos informó que ya había utilizado este medio para ganar una cantidad importante de dinero.

Cierto que las mujeres que aceptan llevar adelante el embarazo en sus vientres son mujeres pobres o necesitadas de recursos, por lo que acuden a este tipo de acto. De todos modos, conviene indicar que quien lo acepta tiene un margen de libertad para negarse a esta situación degradante, porque no todas las mujeres, incluso en situaciones de extrema pobreza, se ofrecen y, menos aún, si ya tienen hijos, como aconteció con este caso.

Me llamó, por otro lado, la atención que en este apasionado debate no se hablara de la criatura que venía a este mundo en unas condiciones que, a buen seguro, la marcará psicológicamente de manera profunda.

No es necesario que indique que, en este caso, la niña, a la que se le ha puesto el nombre de Ana Sandra, no tuvo la libertad para decidir si quería o no nacer en esas condiciones. Claro que esta es una pregunta ‘metafísica’, dado que todos venimos a este mundo sin que se nos consulte.

Tiempo atrás, lo normal es que la gente no se hiciera tales reflexiones y se acudiera a expresiones consoladoras del tipo “los niños vienen con un pan bajo del brazo”, frase que se ajusta a una época en la que las necesidades familiares eran importantes, dado que “una boca más en la familia” suponía una carga.

En la actualidad, en la que los niños ya “no vienen de París” ni los “trae la cigüeña”, bien podríamos decir que cada criatura que naciera “debería venir con el amor de sus progenitores arropándola”, puesto que nada mejor que un hijo o una hija fuera el resultado de un proyecto deseado y compartido por los futuros padres. Y si digo "proyecto" pienso en que todo ser humano es una vida que no se acaba cuando se es bebé o niño de corta edad: todos crecemos y nos desarrollamos, no terminándose la existencia en la infancia.


Pensemos, pues, que esa niña, pasados unos años, comenzará a compartir su vida con los compañeros de clase. Y seguro que en algún momento le preguntarán dónde está su papá y por qué su ‘mamá’ es tan mayor. Esto si no se da la circunstancia de que ella misma se ha informado de todo un proceso que horrorizaría a cualquiera que imaginara ser el resultado de esa operación tan tétrica, ya que “su papá era a la vez su ‘hermano’ que estaba muerto”.

Basta tener un poco de conocimiento de psicología del desarrollo infantil para entender que situaciones menos traumatizantes como la que estamos contando inciden de forma intensa en el equilibrio psicológico y afectivo de los pequeños.

Como contraste, con el fin de que pueda comprenderse lo que indico, he seleccionado para la portada de este trabajo el dibujo de una niña de 6 años, en el que podemos comprobar el estado de felicidad con el que se muestra al lado de su madre y de su padre saludando, como si se les estuviera contemplando. Sin embargo, el dibujo del interior corresponde a un niño de también 6 años. El pequeño autor tenía importantes problemas nacidos de las conductas y los desequilibrios de su madre.

Así, cuando lo inició, comenzó por la figura de su padre, que parece un muñeco articulado; iba a trazar la de su madre, pero inmediatamente la borró, por el rechazo que le provoca pensar en ella. Y acabó dibujándose a sí mismo, de modo similar al de su padre, pero sin manos, ya que estas, aparte de sus funciones, simbolizan el afecto o cariño que es incapaz de expresar, ya que con las manos podemos acariciarnos.

No quiero extenderme en la descripción familiar de este segundo caso. Basta con saber que hay vidas que vienen respaldadas desde el comienzo por el cariño de unos padres que son conscientes de que la felicidad de sus hijos, en gran medida y en los primeros años, depende de ellos; y, sin embargo, hay otros cuyas existencias, desde bien pronto, se convierten en un infierno.

AURELIANO SÁINZ
  • 16.4.23
No creo que nadie sensato dude de que la crisis climática y DE sus efectos sobre la naturaleza terrestre y marítima. Es, de hecho, una realidad que ya palpamos con la ausencia de lluvias y unas temperaturas altísimas durante casi todo el año. Pero parece ser que hay gente que espera llegue un milagro que nos salve de los avisos que los científicos no paran de darnos, ya que caminamos en sentido contrario de lo que deberíamos hacer para frenar una crisis que tiene la pinta de ser irreversible.


Con estas reflexiones, muy ligadas a las leyes que se están aprobando en la Junta de Andalucía sobre el Parque Nacional de Doñana, me ha venido a la mente el recuerdo de dos admirables y entrañables amigas, Carmen Santonja y Gloria van Aerssen, que formaron el dúo Vainica Doble y que nos legaron unos maravillosos discos entre los que se encuentra la canción Doñana, aparecida en el álbum El eslabón perdido, que vio la luz en 1980.

También acuden los recuerdos de la primera presentación que hice de ellas un par de años después, a finales de 1982, en una actuación que tuvo lugar en el Teatro Garnelo de Montilla. Por entonces eran poco conocidas, aunque, a decir verdad, siempre fueron un tanto minoritarias, dado que a Gloria le daban pánico las actuaciones en directo.

Esto lo pude comprobar en aquella ocasión cuando iniciaron el tema Doñana, cuya letra nos dice: “En el coto de Doñana se ha ‘envenenao’ un pajarito y en el coto de Doñana, de la noche a la mañana, su madre lo llora a gritos. / Coto de Doñana reza por tu salvación, que el hombre se propone tu destrucción…”.

En esos momentos, Gloria se equivoca y, dubitativamente, canta “Coto de Doñana llora por su salvación…”. Carmen la mira como diciéndole que no va por buen camino. Paran, e, inmediatamente, unos sonoros aplausos las arropan, pues la gente que ha asistido se encuentra entusiasmada con sus voces y sus canciones.


Retoman de nuevo el tema y encauzan bien la letra, de modo que continúan: “… Y si le da la gana te asfalta en dos semanas (bis) / Desde su despacho, santuario del poder, algún que otro mamarracho puede dictar la ley / transformando la estructura de la madre Natura / ¿y quién pondrá remedio a tanta desventura…?”.

Los aplausos vuelven a sonar, pues Doñana siempre ha tenido que enfrentarse a la avidez de quienes quieren sacar la máxima rentabilidad de cualquier forma, a pesar de la destrucción que ello pueda suponer. Por aquellas fechas, se había dado a conocer el proyecto de una carretera que enlazaría directamente Cádiz con Huelva, atravesando el Parque Nacional de Doñana, lo que sería una verdadera catástrofe para la supervivencia de este gran humedal.

Siguen cantando: “Ay, ay, ay, asesino vete ya, que mi coto no quié contigo ná…”. Vuelven a repetir la frase de denuncia y el entusiasmo de los asistentes es total. Pero ahora, cuarenta y tres años después de que viera la luz, conviene que escuchemos esta magnífica canción de denuncia para que seamos conscientes de que los ataques a Doñana no han terminado.


Estas dos queridas amigas hace años se despidieron de nosotros. Carmen lo hizo en el 2000. A partir de entonces, Gloria dejó de grabar porque había perdido a su compañera del alma. Para ella, no tenía sentido continuar sola. En el último disco que grabaron, En familia, precisamente editado en el mismo año que fallecería Carmen, su voz se mostraba tenue, notándose que la enfermedad que padecía empezaba a minar su voz y su frágil cuerpo. Gloria también nos dijo adiós en 2015. Se cerraba definitivamente la hermosa historia de Vainica Doble.

Por mi parte tendría que decir que la devoción que siento por ellas permanece en lo más recóndito de mí. Siempre las escucho. En su memoria he publicado varios artículos recordándolas; quizás el más significativo fuera el que apareció en el número de Litoral dedicado al Rock Español y que coordinó Manolo Bellido.

Cierro este breve homenaje a estas dos magníficas mujeres sugiriendo que, ahora que se debate la supervivencia del Parque Nacional de Doñana, escucháramos detenidamente esta canción y la difundiéramos, pues su carácter de denuncia profética no ha perdido ni un ápice de su fuerza y vigor.

AURELIANO SÁINZ
  • 9.4.23
Si nos fijamos en el dibujo de Javier, un niño de 9 años con Trastorno del Espectro Autista (TEA), hay elementos de la escena que comprendemos, pero otros se escapan a nuestra comprensión. Ha trazado a los cuatro miembros que componen su familia jugando al fútbol, al tiempo que especifica quién es cada cuál, escribiéndolo.


Puede llamarnos la atención que todos tengan en sus pies un balón, cuando al fútbol se juega con uno solo; pero este tipo de representación también podemos encontrarla en otros niños, ya que, en ocasiones, sintetizan en una sola imagen lo que podría corresponder a distintos momentos de un partido. De todos modos, lo más sorprendente es que haya dibujado un gran sol animista con cuatro ojos: tres de ellos unidos horizontalmente y un cuarto, más pequeño, por encima de esos tres.

¿Qué nos quiere expresar su autor con este sol? ¿Forma parte de su mundo fantástico o tiene una lógica para él? Esto es verdaderamente difícil de saber, puesto que una de las dificultades de los niños y niñas con TEA, como vimos en el artículo anterior, es el proceso comunicativo con los demás, por lo que penetrar en los significados de sus pensamientos visuales plasmados en las láminas se hace muy complicado, ya que ellos no responden a algunos aspectos de la forma común de razonar; tienen una lógica distinta a la nuestra.

Pero esto no quiere decir que no debamos prestar atención a sus procesos de desarrollo cognitivo y emocional, ya que ellos deben estar integrados en centros educativos de modo que se encuentren y relacionen cotidianamente con sus compañeros de clase, siendo atendidos por el profesorado en sus necesidades específicas.

En esta ocasión, he comenzado por un caso concreto para dar continuidad a lo que vimos en el artículo precedente, que cerramos con un párrafo de Temple Grandin y en el que nos daba a entender que su forma de pensamiento era diferente. Ahora sabemos que han transcurrido muchos años desde que ella, siendo niña, apenas se conocía nada del denominado Trastorno del Espectro Autista, por lo que su vida ha sido un camino admirable, lleno de múltiples dificultades, hasta lograr ser doctora y profesora de la Universidad Estatal de Colorado.


Tal como indiqué, la lectura de Pensar con imágenes, su primer libro traducido al castellano me dejó totalmente sorprendido. Con respecto al segundo, El cerebro autista, que ha visto recientemente la luz en nuestro país, me encuentro cerrando su lectura. No obstante, tal como indiqué, continúo seleccionando algunos párrafos suyos para que seamos capaces de entender que hay otras personas cuyos cerebros y mentes funcionan con algunos parámetros distintos a los nuestros.

“Uno de los misterios más profundos del autismo ha sido la notable capacidad de la mayoría de los autistas de destacar en habilidades visuales y espaciales, unida a su torpeza para las verbales”, apunta Temple Grandin.

Si tenemos en consideración que el estudio de las inteligencias múltiples, de las que nos habla el psicólogo Howard Gardner, se ha afianzado en un amplio sector del mundo académico, podemos convenir que la inteligencia visual y espacial es muy superior en los autistas que en quienes no presentan TEA.

“De pequeña y adolescente, creía que todo el mundo pensaba con imágenes. No tenía ni idea de que mis pensamientos eran diferentes; de hecho, no me he dado cuenta del verdadero alcance de las diferencias hasta hace muy poco”, nos indica Grandin, al tiempo que añade: “En reuniones y en el trabajo empecé a preguntar detenidamente a otras personas cómo accedían a la información a partir de sus recuerdos. Por sus respuestas descubrí que mis aptitudes visuales superaban con creces a la mayoría de la gente”.

Nos puede resultar chocante que quienes padecen autismo tengan una de las inteligencias (la visual) con un nivel superior a la mayoría de la gente. Esta capacidad puede ser utilizada en su favor, tal como nos lo expresa en el siguiente párrafo:

Creo que mis aptitudes visuales me han ayudado a entender a los animales con los que trabajo. Al principio de mi carrera, una máquina de fotos me ayudaba a ver la perspectiva de los animales cuando entraban en una manga para recibir tratamiento veterinario. Me arrodillaba junto a la manga y sacaba fotos al nivel de los ojos de las vacas. A partir de las imágenes, podía saber qué les asustaba, como las sombras y los reflejos del sol. En aquella época empleaba película en blanco y negro, porque entonces los científicos creían que el ganado no distinguía los colores. Hoy la investigación ha demostrado que sí los ve”.

Uno de los trabajos de investigación de Temple Grandin estaba en el cuidado animal, por lo que sus dotes visuales las aplicaba a los diseños de máquinas para entender las respuestas de los animales.

En todos los problemas de diseño que he resuelto he partido de mi capacidad para concebir y ver el mundo en forma de imágenes. Empecé a diseñar objetos de niña, cuando experimentaba continuamente con nuevos tipos de cometas y aeromodelos. Ahora, en mi trabajo, antes de intentar construir cualquier cosa, pruebo las instalaciones con mi imaginación”.

Quisiera cerrar este breve recorrido que hemos realizado por los escritos de la estadounidense Temple Grandin, y que nos han ayudado a comprender la mente y el pensamiento de quienes son autistas, con otros dos párrafos.

“Hoy, todo el mundo está encantado con los nuevos sistemas informáticos de realidad virtual en los que los usuarios se ponen gafas especiales y se sumergen por completo en la acción de los videojuegos. Para mí, esos sistemas son como dibujos animados rudimentarios. Mi imaginación actúa igual que los programas informáticos de diseño gráfico, como los que crearon esos dinosaurios que parecen tan reales de Parque Jurásico”.

“Puedo verlo desde todos los ángulos, colocándome por encima y por debajo de la pieza y dándole vueltas al mismo tiempo. No necesito un complejo programa de diseño gráfico capaz de producir simulaciones tridimensionales. Puedo hacerlo mejor y más rápido mentalmente
”.

AURELIANO SÁINZ
  • 2.4.23
Me encuentro leyendo El cerebro autista, segundo libro publicado en nuestro país de Temple Grandin, una mujer estadounidense con autismo que se ha convertido en un referente mundial por su coraje para abrirse un horizonte personal en un mundo tan difícil para aquellas personas que presentan los rasgos del denominado Trastorno del Espectro Autista (TEA).


Cuando leí el primero de ellos, Pensar con imágenes, me quedé verdaderamente sorprendido, ya que en el mismo narraba su propia vida, al tiempo que explicaba las singularidades del pensamiento de personas con autismo, ya que nunca había pensado que había gente que en vez de pensar con palabras lo hacían con imágenes, que posteriormente tenían que traducirlas a palabras.

Esto me hace pensar que los dos artículos que voy a publicar no solo tienen interés para padres, docentes o psicólogos, sino también para todos aquellos que pudieran estar interesados en conocer el funcionamiento de la mente y del cerebro humano.

En mi caso como docente, quisiera indicar que mi relación con niños o niñas con TEA ha sido a través de las investigaciones llevadas en colegios en los que se les pide a los escolares que realicen un dibujo sobre alguna temática que se les propone. Tiene un interés especial el tema del dibujo de la familia, puesto que, de algún modo, deben expresar sus pensamientos y relaciones con el resto de los miembros.

De ahí que muestre, en la portada de esta primera entrega, el dibujo de Adrián, niño de solo 5 años con TEA, ya que en la escena que ha trazado alcanza un nivel gráfico similar al de otros niños de su edad. En la escena que ha creado, se dibuja muy grande, con los brazos hacia arriba, como expresión de júbilo o alegría.

Llama la atención la aparición de dos soles y el hecho de que la figura femenina no represente a su madre, como habitualmente suele suceder, sino a una amiga que tiene en el colegio. Pero todo esto forma parte de ese mundo emocional de niños y niñas con TEA, en el que resulta muy complicado penetrar, dado que ellos mismos no son capaces de dar una explicación del porqué lo han hecho así.

Una vez realizada la introducción a este tema, me parece oportuno exponer brevemente la vida de Temple Grandin, así como algunas de las ideas que expresa en Pensar con imágenes. Nació en 1947 en la ciudad estadounidense de Boston. A los seis meses de edad comenzó a manifestarse el desapego hacia sus progenitores, cuando su madre percibió que rechazaba sus abrazos. Pasaban los días y sus padres, también sus abuelos, se dieron cuenta de que la niña no soportaba que nadie la tocara.


Dado que por entonces se desconocían las bases del autismo, los médicos, cuando ya había cumplido los tres años, les dijeron a la familia que tenía un daño cerebral. Tendría que pasar el tiempo para que ese trastorno se le identificaría con el autismo.

Una vez cumplidos los 16 años, Temple fue a pasar unos días a la granja de ganado de su tío en Arizona y allí se fijó en una máquina que se usaba para tranquilizar al ganado cuando venía el veterinario a explorarlos. Se dio cuenta de que la máquina tenía dos placas metálicas que comprimían a las reses por los lados con una presión suave que parecía relajarlas. Entonces pensó en hacer un artilugio semejante para ella, a la que llamaría “la máquina de dar abrazos”. Esa máquina de dar abrazos, según pensaba, le proporcionaría el estímulo táctil que tanto necesitaba, puesto que no podía obtenerlo a partir del contacto físico con las personas.

Posteriormente a la estancia en la granja de su tío, entró en una escuela especial para alumnos con problemas emocionales. Allí, sus profesores la animaron a que construyera esa máquina que le permitiría controlar la duración y la intensidad del ‘abrazo’. Temple comprobó que el instrumento mecánico que había creado la ayudaba a relajarse, al tiempo que le servía para empezar a sentir cierta empatía hacia los demás.

Los avances experimentados la alentaron a matricularse en la universidad, decidida a estudiar Psicología y especializarse en comportamiento animal, ya que en su adolescencia parte de la terapia pasaba por montar y cuidar a caballos.

Acabados los estudios, descubrió que los animales con los que se relacionaba también tenían problemas de contacto, lo que la animó a dedicar su vida a la mejora del bienestar animal. De este modo, a lo largo de su vida fue una gran defensora de los animales, especialmente de los explotados en las potentes industrias ganaderas, tan presentes en su propio país.

Tras la licenciatura, se doctoró en Ciencia Animal por la Universidad de Illinois, llegando a ser profesora de Comportamiento Animal en la Universidad Estatal de Colorado. Por otro lado, su gran interés en explicar el funcionamiento del pensamiento de las personas con autismo la condujo a escribir varios libros, entre los que se encuentran los dos que he citado.

La singularidad de que una mujer autista alcanzara el doctorado, el mayor título que se puede obtener en la universidad, la ayudó a ser bastante conocida en su país, dando lugar a la realización de una película en la que se explicaba su vida.

Para cerrar esta primera parte, ya que en la siguiente abordaré las ideas fundamentales que expone en sus libros, quisiera destacar un párrafo de Pensar con imágenes que nos aproxima al funcionamiento de la mente de quienes tienen TEA.

Pienso con imágenes. Las palabras son para mí como una segunda lengua. Traduzco tanto las palabras habladas como las escritas en películas a color, con sonido y todo, que pasan por mi cabeza como una cinta de vídeo. Cuando alguien me habla, sus palabras se traducen de inmediato en imágenes. A muchas personas que piensan verbalmente les cuesta entender este fenómeno, pero en mi trabajo como diseñadora de equipos e instalaciones para la industria ganadera, el pensamiento visual es una ventaja”.

La expresión “como una cinta de vídeo” nos da a entender que Pensar con imágenes es una obra de la década de los noventa que fue publicada en nuestro país en 2006. De todos modos, conserva todo su valor, sin que el paso del tiempo le haga perder relevancia.

AURELIANO SÁINZ
  • 26.3.23
Si a alguien que le gusta la música se le pregunta por los estilos que conoce, seguramente ofrecerá una relación de ellos; sin embargo, lo más probable es que no cite la música coral, a pesar de ser una modalidad centenaria. Por mi parte, tengo que confesar que suelo trabajar en el estudio con música clásica de fondo, en tono muy bajo, sea de laúd o música coral, ya que me ayuda a concentrarme.


Cuando hablo de música coral, no podemos pensar solamente en la polifonía renacentista, que está muy extendida en distintos países y culturas, sino también otras modalidades, tal y como veremos en la charla que he mantenido con Albano García Sánchez, un compañero y joven profesor en la Facultad de Ciencias de la Educación y Psicología de la Universidad de Córdoba, que además es el director del Coro Averroes de esta Universidad.

—Quisiera, Albano, que esta charla la comenzáramos de forma que nos indicaras cuáles fueron tus primeras relaciones con la música coral o el canto colectivo.

—El primer contacto con el canto colectivo surge de casualidad, pues no había en mi entorno familiar ningún músico, ni nadie que cantase o fuese aficionado al mundo coral, ya que a la edad de ocho años mis padres me enviaron a un campamento de verano que se organizaba todos los años en Carrizo de la Ribera, un municipio de la provincia de León.

Estando en el campamento, un día, una persona vino a hacernos a todos los niños una prueba de voz. Más tarde nos informaron que se trataba del director de una escolanía oriundo de esa localidad. Al verano siguiente, pasé una semana de prueba en dicha escolanía para valorar la posibilidad de mi incorporación.

Fue así como con nueve años comencé a formar parte de la Escolanía del Real Santuario de Nuestra Señora de Covadonga, en Asturias. En ese lugar estuve interno cinco años, desde 4º hasta 8º de EGB, lo que me permitió conocer en primera persona el mundo coral. Fueron años de ensayos diarios, de descubrimiento de repertorios de diferentes épocas y estilos, de participación en los oficios del santuario y de numerosas actuaciones, tanto dentro como fuera de la provincia. Gracias a este lustro de mi etapa vital que pude tener acceso a una sólida formación musical, especialmente en el ámbito coral.

—Me llama la atención la precocidad con la que entraste en contacto con lo que ha sido tu mundo, tu especialidad musical, dado que a esas edades, como mucho, niños y niñas fantasean con lo que serán en el futuro, pero no dejan de ser fantasías. Una vez que acabaste los estudios primarios de entonces, ¿seguiste ligado al canto coral?

—Sí continué ligado, a pesar de que, una vez finalizada la EGB, no se podía continuar en la escolanía. Es por ello que decidí seguir mis estudios en la Schola Cantorum ‘Catedral de León’. Tengo que apuntar que la ‘Schola’, como la llamábamos coloquialmente, era una asociación musical que comprendía un coro mixto de niños y hombres, un coro de cámara, una orquesta de cámara y un grupo de música andina.

Asimismo, a través de la asociación liderábamos un proyecto pedagógico denominado “aulas corales” consistente en la creación de un coro infantil en todos los colegios de la ciudad de León. Cada uno de los miembros de la “Schola” se responsabilizaba de la dirección del coro de un centro.

Gracias a ello empecé a interesarme también por la dirección coral, faceta que ya había experimentado durante los dos últimos años de mi etapa como ‘escolano’ en Covadonga al tener que sustituir al director o al organista en alguno de los oficios cuando por diversas razones se tenían que ausentar. Desgraciadamente, mi etapa en la ‘Schola’ fue breve debido a que, por circunstancias de la vida, la asociación dejó de funcionar. Su desaparición me obligó a tener que volver a mi localidad natal, Langreo (Asturias), lo que provocó que durante un tiempo me distanciara del mundo coral.

—¿Ese distanciamiento duró mucho? ¿Qué hiciste una vez terminado el bachillerato?

—Una vez terminado COU y el Grado Medio de Piano me desplacé a Oviedo para estudiar la especialidad de Música de la Diplomatura de Educación Primaria. En la misma universidad de Oviedo también cursé la Licenciatura de Historia y Ciencias de la Música y terminé doctorándome como musicólogo. Esta etapa fue, pues, de reencuentro con el mundo coral.

—¿Qué actividades relacionadas con el mundo coral llevaste en esos años?

—Durante esos años formé parte como tenor de varias agrupaciones, como El León de Oro, el Coro Lírico Ciudad de Oviedo o el Coro de la Universidad de Oviedo. También retomé mi afición por la dirección coral, primero como responsable de varios coros infantiles en Oviedo y Avilés, gracias a que se exportó a esas ciudades el modelo pedagógico de las ‘aulas corales’, y, un poco más tarde, de los coros de voces mixtas Coral San Martín de Moreda, Coral San Pedro de Soto del Barco y Agrupación Polifónica Centro Asturiano de Avilés, con las que obtuve varios premios de interpretación coral. El interés cada vez mayor por la dirección me llevó a asistir a numerosos cursos impartidos por algunos de los directores de canto coral más prestigiosos que hay en España.

—¿Nos puedes explicar las razones de tu venida y cómo llegaste a Córdoba desde tu Asturias natal?

—El motivo de mi llegada a Córdoba fue de tipo laboral. Así, en noviembre de 2007 me incorporé al Departamento de Musicología del Conservatorio Superior de Música ‘Rafael Orozco’ para impartir las asignaturas de ‘Historia de la Música’ y ‘Sociología y Estética de la Música’.

—Háblanos de tus comienzos como profesor de música.

—Mi primera experiencia como docente fue en un centro concertado de Educación Secundaria en Asturias, donde impartía la asignatura de Música al alumnado de 1º y 2º. Tras un tiempo en el centro, donde también ejercí como profesor de música en Primaria, comencé a trabajar como maestro especialista en varios colegios públicos de la región. Tal como he indicado, fue en 2007 cuando me vine a Córdoba para incorporarme al Conservatorio, centro donde estuve una década. Asimismo, a partir de 2009 y hasta 2017, compaginé esta labor con la de profesor a tiempo parcial del Área de Música de la Universidad de Córdoba.

—En la actualidad eres el director del Coro Averroes de la Universidad de Córdoba. ¿Cómo se empezó a gestar?

De nuevo tengo que remontarme a 2007. En diciembre de ese año, cuando solo llevaba un mes en Córdoba, conocí a la profesora del Área de Música de la Universidad de Córdoba, Auxiliadora Ortiz, en el marco de un proyecto que tenía como cometido la restauración del fondo antiguo de la biblioteca del Conservatorio Superior de Música ‘Rafael Orozco’. Por aquel entonces, me llamaba poderosamente la atención que la institución universitaria cordobesa no tuviera una agrupación de estas características, como sí sucede en la mayoría de las universidades españolas.

Por su parte, Auxiliadora Ortiz, como profesora de la asignatura de 'Historia de la Música' de la licenciatura de Historia del Arte, sentía la necesidad de tener una herramienta que facilitara al alumnado la comprensión de muchos de los conceptos teóricos que abordaba en clase. A partir de ahí, ella difunde entre sus alumnos y compañeros la propuesta de creación de un coro polifónico de voces mixtas. Así, la primera reunión informativa tendría lugar en la Facultad de Filosofía y Letras en octubre de 2008, preconfigurándose lo que actualmente es el Coro Averroes de la UCO.


—En 2013 lográis grabar vuestro primer disco, ‘Historia de un bajel’, con diferentes temas de música coral, ya que en él aparecen habaneras, gospel, cantos indios… incluso el tema 'Wimoweh' (que se tradujo como ‘The lion sleep tonigh’) de música negra. ¿Qué supuso para vosotros y cómo lo valoras en la actualidad?

—Si hacemos un pequeño cálculo, podemos comprobar que Historia de un bajel se graba cuando la agrupación solo cuenta con cinco años de existencia. Aunque con la perspectiva del tiempo se puede percibir que el sonido del coro aún está en proceso de formación, este trabajo discográfico proyecta una imagen con la que nos sentimos totalmente identificados: la de la ‘interculturalidad’. Creo que el cedé invita al oyente a viajar por distintas latitudes a través de sus músicas, de ahí la metáfora del ‘bajel’.

—Casi una década después, ya que la grabación la realizasteis en 2022, es decir, durante la pandemia, ve la luz ‘Vocalis Contrapuncto Polyphoniae’, que lleva el subtítulo de ‘Música sacra europea del Renacimiento’. A mí, sinceramente, me parece un disco bellísimo, con una grabación impecable, a la altura de los grandes sellos de música clásica –Glossa, Naxos, Archiv, harmonia mundi…– ¿Qué nos puedes contar de la realización de este disco?

—Muchas gracias por esa opinión. Me alegra saber que te ha gustado… Este segundo trabajo discográfico pretende ser una huella sonora de un tiempo distópico, ya que, como todo el mundo se puede imaginar, la pandemia afectó seriamente a la actividad coral.

Te indico esto, puesto que al cantar se expulsa aire y saliva, lo que sumado a que los ensayos se suelen celebrar en recintos cerrados y durante un tiempo prolongado, se aumentan las posibilidades de contagio debido a los aerosoles. En definitiva, el canto coral entrañaba serios riesgos para la salud. En este contexto, para poder continuar con la actividad, pusimos en marcha un exigente protocolo de prevención de riesgos (distanciamiento, mascarillas, higiene, ventilación...) y diseñamos un repertorio ad hoc.


Así, durante el último trimestre del 2021 decidimos plasmarlo en un disco como recuerdo. De hecho, el proceso de grabación fue también muy exigente debido a que consistió en varias sesiones maratonianas en las que se cantaba con mascarilla. Es así como surge Vocalis Contrapuncto Polyphoniae, una selección de piezas de polifonía contrapuntista religiosa a cuatro voces mixtas de tomadas de los centros de creación europeos más importantes del Renacimiento.

—En la actualidad, eres profesor en el Área de Didáctica de la Expresión Musical de la Universidad de Córdoba. Me gustaría que comentaras qué respuesta da el alumnado y tu desarrollo como docente, así como la conexión con las formas de música popular que le gustan a tus alumnos.

—La incorporación de los gustos musicales del alumnado al repertorio que se debe trabajar en el aula es actualmente algo bastante habitual en el ámbito de la Educación Musical, también en España, y tiene su fundamento principalmente en la Pedagogía Crítica. En mi caso particular, desde hace varios años soy responsable de la asignatura ‘Expresión Musical Colectiva. Métodos de Intervención Educativa’, una de las cuatro que se debe cursar obligatoriamente para obtener la Mención de Música del Grado de Educación Primaria.

A lo largo del cuatrimestre, de manera guiada, el alumnado debe transformar a nivel formal, rítmico y armónico un material melódico preexistente, debiendo tener en cuenta durante el proceso una serie de técnicas compositivas sencillas junto con algunas estrategias de concertación musical. Para la selección del material melódico tienen total libertad, pudiendo tomarlo prestado de aquellos repertorios con los que se sientan más identificados, siempre y cuando cumplan con una serie de pautas de tipo técnico y pedagógico.

Partir de sus gustos e intereses ha permitido mejorar significativamente el grado de compromiso del estudiantado para con su aprendizaje. Además, este planteamiento también facilita que yo me pueda acercar a estilos y géneros que no forman parte de mi universo sonoro, lo que se ha convertido en una fuente de enriquecimiento para mí.

—Para cerrar, ¿cómo valoras la Educación Musical en nuestro país? ¿Qué relevancia tiene la música coral en la actualidad?

—En los años noventa del siglo pasado, tras la implantación de la LOGSE, se vivió en España el periodo de mayor presencia de la música en las distintas etapas de la educación obligatoria. Sin embargo, actualmente nos encontramos en un momento en el que, desgraciadamente, la música está perdiendo ese protagonismo, seguramente debido a que no hemos sido capaces de hacer entender a la sociedad lo esencial que es el hecho sonoro para el desarrollo integral del individuo.

En cuanto a la música coral, ha seguido una trayectoria parecida. El escaso interés institucional en ciertas regiones de España y la nula atención mediática provoca que un porcentaje significativo de la población desconozca lo que les puede aportar el canto colectivo. Solo aquellos privilegiados que tienen la fortuna de descubrirlo pueden disfrutar de sus beneficios. En mi caso, casualmente, y gracias a que un día mis padres me llevaron a un campamento de verano, soy uno de ellos.

AURELIANO SÁINZ
FOTOGRAFÍA: EMILIO HIDALGO
  • 19.3.23
Cuando he tenido estudiantes extranjeros en mis clases he podido comprobar que el mayor problema que se les presentaba a la hora de escribir correctamente en español era el uso de las tildes, ya que para ellos era un auténtico galimatías en algunas de las palabras, pues no les bastaba conocer las normas básicas de la acentuación, o el uso de las tildes, ya que la complejidad de las reglas asusta incluso a quienes solemos escribir habitualmente.


Bien es cierto que en nuestro idioma, a diferencia de otros –por ejemplo, el inglés–, los sonidos de las vocales y las consonantes son únicos y no sufren alteraciones según la unión o enlaces con otras de las letras del alfabeto, lo que facilita de modo rápido el aprendizaje de la pronunciación.

Estas reflexiones que acabo de realizar vienen a cuento del debate que se originó recientemente entre los miembros de la Real Academia Española de la Lengua (RAE) sobre si la palabra ‘solo’ había que volver a escribirla con tilde cuando era un adverbio (equivalente a ‘solamente’. Por ejemplo: “Sólo comeré carne”) y no hacerlo si era un adjetivo (“Estoy más solo que la una”).

Recordemos que en el año 2010, la RAE aprobó que tanto ‘solo’ como los pronombres demostrativos no llevaran tildes o acentos ortográficos, ya que se comprendían por el contexto de la frase en la que se encontraban. Admitían que ‘solo’ se tildara cuando se podía generar confusión. Por ejemplo, si uno va a ir únicamente a casa de la madre habría que escribir: “Yo iré sólo a casa de mi madre”. En cambio, si uno no va acompañado en esa visita sería: “Yo iré solo a casa de mi madre”.

Pues bien, la reciente disputa entre ‘escritores’ de la RAE, caso de Arturo Pérez-Reverte o Mario Vargas Llosa, que defendían que se mantuviera la tilde (y que ellos lo hacían siempre que esta palabra es adverbio), y los ‘gramáticos’ que optaban por su supresión, no terminó de resolverse, dado que, a fin de cuentas, se mantuvo el criterio de 2010. En lo único que se pusieron de acuerdo es que se redactara mejor la explicación de su uso.

En mi caso, como no tengo, ni mucho menos, la categoría de esos dos egregios miembros de la RAE, he sido muy ‘obediente’ a la norma de 2010. De todos modos, el grupo de los ‘escritores’ tiene bastante razón en que estos cambios dan lugar a que provoquen confusiones, pues todos los libros que se publicaron antes de ese año es posible ver el ‘solo’ adverbial con tilde.

Esto es lo que me sucede a mí, ya que, paradójicamente, con el libro El arte infantil. Conocer al niño a través de sus dibujos, en la primera y segunda ediciones, de 2003 y 2006, aparecen con tilde y, sin embargo, en la tercera edición, de 2011, ‘solo’ ya no la tiene en ningún caso.


En mi caso, me he acostumbrado a escribir esa palabra sin tilde; no obstante, tengo el problema de que constantemente debo aclarar esta cuestión a los alumnos que utilizan una u otra de las ediciones, ya que la ven de distinta manera –con tilde o sin tilde– según el libro que utilicen para realizar sus trabajos de redacción sobre el dibujo de los escolares.

Me imagino que lo mismo les puede pasar a los escritores que han sido ‘obedientes’ con las directrices de los gramáticos, cuyos textos pueden aparecer con dos modalidades de escritura; aunque solo sea con esta dichosa palabra.

Otra polémica, que personalmente me afecta, resulta ser el que los miembros de la RAE no acaban de entender que la evolución de los nombres propios y apellidos tienen, en gran medida, su propia historia al margen del sector de los ‘gramáticos’ que insisten en decirnos cómo tenemos que escribirlos.

Digo esto porque yo heredé el apellido paterno con acento: Sáinz. Así consta en todos los documentos que tengo desde que nací. Sin embargo, ellos se empeñan en que quitemos la tilde, cuando la mayor parte de quienes lo llevamos la mantenemos (esto puedo decirlo ya que al consultar digitalmente en las bibliotecas universitarias compruebo que somos mayoría los autores que teniendo este apellido continuamos poniendo el acento gramatical).

¿Acaso no saben que saben, por ejemplo, que quienes tienen el nombre de Francisco, pueden llamarse a sí mismos Paco, o Curro, o Quico, o Fran, o Pancho, o Chico, o…? En fin, no quiero alargarme, pues esto de las tildes o acentos gráficos en nuestro idioma no deja de ser un auténtico laberinto para que yo ahora venga a quebrarles a cabeza a quienes me están leyendo, ya que, a buen seguro, tienen otras cosas más importantes en las que pensar.

AURELIANO SÁINZ
  • 12.3.23
Recientemente visité Alburquerque (Badajoz), mi pueblo de origen, ya que la Corporación municipal le había concedido a Luis Landero, último Premio Nacional de las Letras Españolas, el título de Hijo Predilecto de la villa.


De este modo, en el centro cultural que lleva su nombre, tras el homenaje oficial, entre Landero e Isabel Gemio, también nacida en Alburquerque, se escenificó una amena charla, ambos sentados en unas butacas, como si estuvieran en un plató televisivo, que fue seguida con gran interés, ya que, como es obvio, desgranaron recuerdos y anécdotas de sus infancias y adolescencias, puesto que sus familias eran conocidas por los presentes que abarrotaron el centro.

Como suele ser habitual, cada vez que visito mi pueblo me llevo la cámara fotográfica, pues continuamente encuentro motivos para dejar constancia de las bellas imágenes que puedo registrar de las múltiples estampas de su fortaleza que lleva la denominación de Castillo de Luna por quien fuera conde de Alburquerque, título que le fue concedido por el rey Juan II de Castilla.

También es un enorme placer recorrer los extensos campos extremeños que rodean a la localidad. Así, al atardecer del primer día de mi estancia, cuando el sol declinaba y el frío empezaba a apretar con cierta intensidad, caminé por entre las encinas del lado sur de la fortaleza, mientras unas nubes negras se elevaban hacia el cielo, lo que era indicio de que aquella noche podría caer agua en abundancia. Esta bella instantánea es la que muestro en portada.

Mientras contemplaba la majestuosa imagen que se desplegaba ante mis ojos, vino a mi memoria uno de los romances del “Cancionero de don Álvaro de Luna” que, tiempo atrás, se cantaba en la representación de la obra teatral El Águila Blanca, dentro del patio de armas del castillo y en la que participaba la propia gente del pueblo.

Lo curioso es que no hace mucho, casualmente, lo escuché en dos grabaciones distintas que me emocionaron al saber que en países tan dispares como Estados Unidos o Polonia se oían los sonidos y la letra de un romance titulado “Alburquerque, Alburquerque”, y que en él se dice:

Alburquerque, Alburquerque,
bien mereces ser honrado,
en ti están los tres infantes
hijos del rey don Fernando.
Desterrélos de mis reinos,
desterrélos por un año;
Alburquerque era muy fuerte,
con él se me habían alzado.
¡Oh don Álvaro de Luna,
cuán mal que me habías burlado!
dijísteme que Alburquerque
estaba puesto en un llano,
véole yo cavas hondas
y de torres bien cercado;
dentro mucha artillería,
gente de pie y de caballo,
y en aquella torre mocha
tres pendones han alzado:
el uno por don Enrique,
otro por don Juan, su hermano,
el otro era por don Pedro,
infante desheredado.
Álcese luego el real
que excusado era tomarlo.


En este romance se hace referencia al cerco que se produjo en la villa en el año 1430, durante la guerra entablada entre los reinos de Castilla y de Aragón, puesto que tres los Infantes de Aragón –Juan, Enrique y Pedro– se habían hecho fuertes en la fortaleza, por lo que tuvo que ser cercada don Álvaro de Luna, hasta que sus acérrimos enemigos se rindieron sin que hubiera derramamiento de sangre.

Sobre este tema, quisiera hacer referencia al Romancero de don Álvaro de Luna, recopilación que llevó a cabo Antonio Pérez Gómez, en el que recoge todos los romances publicados entre 1540 y 1800. En total son cincuenta y seis que hablan de la vida y la tragedia de quien fuera condestable del rey Juan II de Castilla. Y para que veamos la importancia de su protagonista, solo los romances referidos a la vida de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, superan en número a los que describen los avatares de Álvaro de Luna.


Ya centrándonos en el romance “Alburquerque, Alburquerque”, debo apuntar que también fue musicado, por lo que se encuentra recogido en el Cancionero Musical de Palacio, con el número 10, dentro de los 461 registrados de la música renacentista española.

Llama la atención que, no hace mucho, en el año 2015, haya sido grabado por el grupo estadounidense Los Angeles Guitar Quartet. Así, en el disco titulado New Renaissance, dedicado a la música del Renacimiento español, aparece interpretado con cuatro guitarras clásicas y con una duración de tres minutos.


Pero lo más sorprendente es que hay que acudir a Polonia para encontrar este romance, cantado por el grupo La Morra, dirigido por el laudista Michal Gondko, para escucharlo en un álbum reciente que lleva el título de Luz del Alva (la segunda palabra está con ‘v’, puesto que así se escribía en la Edad Media).

Como nos podemos imaginar, la pronunciación del vocalista se aleja bastante de la nuestra, ya que se expresa con una fuerte ‘ere’ los sonidos de las palabras de nuestro idioma. Aunque creo que esto, a fin de cuentas, tiene poca importancia, sabiendo que han tenido que ser dos grupos de música antigua de fuera de nuestras fronteras los que nos proporcionen, musicado y cantado, el citado romance.

AURELIANO SÁINZ
FOTOGRAFÍA: AURELIANO SÁINZ
  • 4.3.23
Acabo de leer uno de los numerosos libros dedicados a la vida de Vincent van Gogh, con la singularidad de contener todas sus obras pictóricas, que alcanzan la asombrosa cifra de 820 cuadros, y que corresponden a sus últimos años. Su autor es el alemán Rainer Metzger, que los cita y presenta de manera cronológica, al tiempo que cuidadosamente documentados, ya que comienza por el que lleva el título de Muchacho agachado con hoz, que corresponde a octubre de 1881, y acaba con Trigales con vista de Arles, de julio de 1890, poco antes de quitarse la vida.


Todos hemos oído hablar de la trágica y corta vida de este pintor holandés del siglo XIX, que murió sin haber vendido un solo cuadro, porque los que creía haberlo hecho se debió a que su hermano Theo, galerista en París, se los adquiría, haciéndole creer que había un público interesado en ellos.

Sobre Van Gogh he publicado diversos artículos: Camino hacia la locura: Vincent van Gogh o Los rostros de Van Gogh (1) y Los rostros de Van Gogh (y 2). En este caso, quisiera describir, con cierta brevedad en los comentarios, la pasión que sentía por la naturaleza, seleccionando diez de sus cuadros para que comprobemos la belleza que se desprendía de este pintor autodidacta, ya que el mayor interés de este breve trabajo es, precisamente, la visión de algunas de las obras de esta temática.


El padre de Vincent era un pastor protestante que gran parte de su trabajo pastoral lo desarrolló en el pueblecito de Nuenen, por lo que algunos de sus lienzos hacen referencia a sus entornos. Es lo que acontece con este de 1885 y que lleva por título Paisaje otoñal.


Si uno aproxima la mirada al cuadro precedente, lo que percibirá son amplias pinceladas, sin que se contemple ningún elemento concreto del campo. Esta es una característica de la técnica de los pintores impresionistas y que podemos ver en la obra anterior titulada Senda del Parque Voyer d’Argenson en Asnières, de 1887.


Tras las lluvias de primavera, los campos se llenan de múltiples hierbas en las que se intercalan flores silvestres, que son un verdadero placer para la vista. Es lo que a fin de cuentas expresa Van Gogh en este lienzo titulado Parque de Asnières en primavera.


En ocasiones, basta con que aparezca en pájaro volando para que la propia naturaleza multiplique su expresión de vida, ya que el movimiento de las aves se percibe al instante. Esto lo podemos ver en el cuadro titulado Trigal con amapolas y alondra, también de 1887.


¿Quién no ha caminado alguna vez por un sendero de un pequeño bosque y se ha sentido en plena comunión con la naturaleza? Lo sorprendente de este cuadro, Senda en el bosque, es que con el cambio de unas pinceladas de color más claro logra remitirnos a ese sentimiento tan profundo desde que somos pequeños.


En sentido contrario, cuando las luces del sol se van apagando en el horizonte, nuestra permanencia en el bosque nos resulta inquietante. Esto lo conocíamos de pequeños por los cuentos en los que se nos narraban de niños. Van Gogh lo expresa en Árboles y monte bajo, en el que la luz se apaga con el uso de tonalidades más oscuras en su paleta.


De todos modos, en el pintor holandés prevalecía la exaltación de los colores lumínicos que se manifestaban en los campos a los que salía a pintar de manera directa. Lo apreciamos en el que lleva por título Huerto en flor con melocotoneros, de 1888.


En ocasiones, era un único árbol el protagonista de su obra. Al igual que sucede en el valle del Jerte, al norte de Extremadura, que cuando los almendros florecen la belleza del campo se vuelve admirable, en el lienzo que lleva por título Melocotonero en flor (Recuerdo de Mauve) se aprecia ese esplendor de la naturaleza.


Los avances en sus tensiones emocionales internas lo hacían caminar hacia la locura. Esto se aprecia también en su obra, ya que la naturaleza, tierra y cielo se retuercen al igual que los olivos que pinta, como este que lleva por título Olivos con los Alpes de fondo, de 1889, un año antes de que se quitara la vida.


No quiero cerrar sin hacer alusión al mundo del trabajo y de la vida sencilla que en ocasiones plasmaba. De ahí que traiga como cierre el cuadro que lleva por título El puente de Langlois en Arles con lavanderas, que nos retrotrae a tiempos pasados, cuando la ropa se lavaba en ríos y riachuelos, puesto que la naturaleza también era el medio de actividades que ahora se convierten en recuerdos.

AURELIANO SÁINZ

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