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DIPUTACIÓN DE CÓRDOBA

CLÍNICA PAREJO Y CAÑERO - ÚNICO HOSPITAL DE DÍA DEL CENTRO DE ANDALUCÍA

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  • 6.4.22
La escasez provoca necesidad y estimula la búsqueda de remedios a las carencias. Por el contrario, la abundancia de un determinado bien nos acomoda y fomenta la pereza para buscar otras opciones alternativas. Los países con grandes reservas del petróleo o gas se han malacostumbrado a una energía barata y ahora tropiezan con los problemas derivados de una economía poco diversificada y con casi nula resiliencia.

Guillermo Fernández Vara, presidente de la Junta de Extremadura, y José Manuel Entrecanales, presidente de Acciona, en la inauguración de la primera planta solar fotovoltaica flotante conectada a la red eléctrica de España en el embalse de Sierra Brava (Extremadura).

Las centrales nucleares, la apuesta de muchos otros países, para asegurar el funcionamiento de su economía tampoco es una solución sostenible como se ha demostrado a lo largo de sus varias décadas de existencia. A casi todos los niveles se ha preferido no complicarse la vida pensando en el futuro y explotar al máximo los recursos acumulados.

La globalización nos deslumbró con su espejismo de tener la máxima oferta de productos al alcance de un clic y nos olvidamos de la bondad y las ventajas de los bienes de kilómetro cero, sean estos alimentos, energía o productos básicos manufacturados.

El capitalismo con su mentira del crecimiento infinito en un planeta finito ha provocado el estrés de la gran mayoría de los ecosistemas y nos ha dejado en una situación de vulnerabilidad extrema como la que enfrentamos en la actualidad. El centralismo, la concentración de los recursos en unas pocas manos y en unos territorios muy concretos, es la causa de ese vaciamiento del medio rural en beneficio de las metrópolis urbanas.

Romper con esta dinámica exige un rediseño de los mapas mentales de las élites económicas y políticas y de la población en su conjunto. Si queremos autonomía y soberanía en la esfera personal y en la colectiva de nuestras comunidades, hay que plantearse una economía de kilómetro cero como la que se promueve desde hace años con la agricultura ecológica de proximidad.

La energía de kilómetro cero es la renovable (fotovoltaica o eólica) producida en nuestros tejados, en nuestras edificaciones de todo tipo y en las infraestructuras públicas como carreteras, vías férreas, canales de riego y pantanos, que deberían cubrirse con paneles solares y albergar generadores eólicos.

La concentración de la producción de energía en grandes centrales –sean nucleares, hidroeléctricas o solares– solo beneficia a los grandes oligopolios eléctricos, frena el autoconsumo y es poco sostenible por las pérdidas que se producen en las líneas de transporte y distribución.

Suprimir zonas de cultivo para instalar parques solares es antiecológico, lo razonable es aprovechar las infraestructuras públicas cuyo suelo ya está amortizado para ponerlas a producir energía renovable y reducir el déficit de las administraciones locales, provinciales y locales.

ÁNGEL FERNÁNDEZ MILLÁN
FOTOGRAFÍA: ACCIONA
  • 23.3.22
Hay muchas Españas vacías, mucho territorio vaciado de población y edificios vacíos y sin uso de ayuntamientos, diputaciones, autonomías y Gobierno de España. El problema es grave porque implica recursos desaprovechados, deterioro de unos bienes públicos que se pagan con el dinero de los impuestos y, en definitiva, despilfarro al no utilizar o reutilizar unos inmuebles que pueden ahorrar muchos alquileres o nuevas construcciones.

Cuartel de Artillería abandonado y en desuso, a las afueras de Sevilla.

La existencia de este patrimonio fantasma suele plantearse periódicamente por la oposición en los ayuntamientos de capitales de provincia como un argumento contra la falta de iniciativa de las administraciones locales en esta materia. Ayuntamientos como el de Sevilla, por ejemplo, han elaborado censos de edificios vacíos de titularidad municipal y elaborado normativas para su cesión a entidades sociales que permitan su correcto aprovechamiento por la comunidad.

El Ayuntamiento de Córdoba tenía a finales de 2019 más de veinte edificios vacíos sin uso definido y su Área de Gestión estaba realizando un inventario antes de decidir el futuro de cada uno de ellos, según afirmó el concejal de Ciudadanos, Antonio Álvarez. En Lucena, a finales de 2020, el Ayuntamiento encargó a una empresa externa un estudio para evaluar qué hacer con los inmuebles que tenía sin uso, que iban desde edificios históricos a proyectos fallidos de construcción reciente.

Solo contabilizando el patrimonio municipal sin uso en las principales ciudades andaluzas sale un censo por encima del centenar de construcciones de muy diverso tipo. En febrero de 2021, Ganemos Jerez apremiaba a su Ayuntamiento a recuperar los inmuebles vacíos en el centro para darles uso y poner freno a la despoblación.

El problema denunciado tiene soluciones y modelos de buenas prácticas que pueden servir de referencia para una reutilización con rentabilidad social. Uno de los ejemplos más recientes en Andalucía está en el municipio sevillano de San Juan de Aznalfarache, donde su Ayuntamiento ha cedido por veinte años el antiguo Cine Loreto del Barrio del Monumento a la Fundación para el Desarrollo Tecnológico, Sostenible y Circular (Funddatec) para su sede central.

Sede de Funddatec, en un edificio cedido por el Ayuntamiento de San Juan de Aznalfarache (Sevilla).

El edificio cedido en San Juan fue rehabilitado hace una década con fondos europeos para Taller de Empleo, pero la crisis económica y el recorte en los cursos de formación lo dejaron cerrado y sin uso hasta su reapertura en octubre de 2021. Desde entonces hasta la fecha, la sede de Funddatec se ha convertido en un activo centro cultural con espacios para exposiciones, un aula de Informática, un auditorio, un salón multiusos y varias salas de reuniones.

En su interior funcionan una cátedra de Flamenco, proyectos como Orquestas Inclusivas y Mayores Digitales, ImpactArte (Muestra Internacional de Arte con Impacto de Género), un espacio formativo de la Fundación Samu y actividades puntuales de asociaciones y entidades culturales del municipio, de la comarca del Aljarafe y de Sevilla.

La colaboración público-privada puede servir con imaginación y creatividad para innovar socialmente y encontrar fórmulas que rescaten del olvido y de una más que previsible ruina a centenares de edificios y que estos se conviertan en ejes dinamizadores de barrios y pueblos.

ÁNGEL FERNÁNDEZ MILLÁN
FOTOGRAFÍAS: ÁNGEL FERNÁNDEZ MILLÁN
  • 9.3.22
La pertinaz sequía era la expresión utilizada durante el franquismo para hacer digerible la falta de infraestructuras hidráulicas y sus consecuencias entre la población: restricciones, carencia de depuradoras de aguas residuales y otros déficits relacionados.


Andalucía está en estado de sequía desde hace varios meses y las reservas de sus cuencas hidrográficas por debajo del 30 por ciento, casi la mitad de la media de los últimos diez años. De la gravedad de la situación da cuenta el hecho de que la mayoría de las diócesis han iniciado ya rogativas para que las lluvias empapen nuestros campos.

La Junta de Andalucía ha anunciado obras de emergencia en diferentes zonas por un importe de 17 millones de euros para remediar los casos más urgentes de escasez en el abastecimiento de poblaciones. En la cuenca del Guadalquivir se anuncia una cuota de agua para riego en torno a los mil metros cúbicos por hectárea y año, cuando lo necesario se sitúa entre los tres y cinco mil metros cúbicos por hectárea.

El calentamiento global dispara la evaporación y reduce drásticamente el agua embalsada. En este contexto todo apunta a que nos encaminamos casi sin remedio a una emergencia climática con impactos devastadores en la agricultura, la ganadería y el turismo.

Cuando aún nos encontramos en medio de una crisis pandémica de incierto futuro, es necesario analizar las soluciones disponibles para combatir los efectos de la sequía. La primera opción que tenemos a corto plazo es la reutilización del agua.

Reutilización de las aguas residuales tratadas.

Andalucía sólo reutiliza el 4,8 por ciento de sus aguas residuales tratadas, por debajo de la media nacional, que se sitúa en el 11,21 por ciento, según datos del Colegio Oficial de Biólogos de Andalucía (COBA).

El biólogo del COBA Francisco Mora, experto en el tratamiento y la reutilización del agua, ha señalado que ese 4,8 por ciento suponen 101.541 metros cúbicos reutilizados de los 2.113.908 metros cúbicos tratados.

Mientras, en España se reutiliza el 11,21 por ciento (1.534.100 metros cúbicos reutilizados de los 13.684.537 metros cúbicos tratados), según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) correspondientes al año 2018.

Para Francisco Mora, que está al frente de la planta de tratamiento de aguas de Agro Sevilla Aceitunas en la La Roda de Andalucía (Sevilla), es de destacar "el esfuerzo de las industrias agroalimentarias en Andalucía para depurar sus aguas en origen y compatibilizar el desarrollo industrial con el respeto al medio ambiente, el cual debe ir de la mano de la Administración pública fomentando medidas programadas para solventar las deficiencias en el saneamiento de aguas residuales urbanas".

La reutilización de las aguas residuales tratadas es uno de los pilares de la economía circular y uno de los ejes del Plan de Recuperación y Resiliencia que España ha diseñado para implementar el Pacto Verde de la Unión Europea.

Desalación

La segunda opción ante la sequía es la desalación del agua de mar y la de las aguas salobres. En Andalucía, las desaladoras de mayor capacidad se concentran en la provincia de Almería. La del Bajo Almanzora produce 15 hectómetros cúbicos al año, garantiza el agua a 140.000 habitantes y riega más de 24.000 hectáreas. La de Carboneras tiene una producción de 42 hectómetros cúbicos por año, beneficia a 200.000 personas y asegura el riego a más de 7.000 hectáreas. La del Campo de Dalías produce 30,1 hm3 /año y suministra a 300.000 habitantes.

En la provincia de Málaga, la planta de El Atabal es una de las mayores desaladoras de España y produce 76 hm3 /año. La de Marbella suministra agua de calidad para la Costa del Sol y es una pieza clave para el mantenimiento del sector turístico.

Granada, Cádiz y Huelva no disponen por ahora de desaladoras de gran capacidad, pese al déficit hídrico y la sobreexplotación de los acuíferos en el entorno del Parque Nacional de Doñana

ÁNGEL FERNÁNDEZ MILLÁN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR

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